LA HISTORIA DETRÁS DE LA FOTO (XXVII)

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Por Jorge Sotero ()

La Habana.- La dictadura ya no tiene ni pintura. No la que utilizan para pintar oficinas o edificios gubernamentales, sino ni para quitar aquellos letreros alusivos al gobierno y que tan mal sientan al régimen cubano desde tiempos inmemoriales.

Las pintadas, siempre que fueran alegóricas al desaparecido gran líder y a su desastrosa obra, llamada revolución, estaban bien, pero si a alguien se le ocurre poner en alguna pared un letrero contra algún representante del régimen, la primera tarea es desaparecerlo, porque, creen ellos, que eso se traslada a la mente de las personas que lo leen y lo asimilan, como ellos piensan que asimilamos los cubanos esas pancartas de «socialismo o muerte», «yo soy Fidel», o cualquiera otra de sus tonterías habituales.

Pues bien, en Alquízar, en la ahora polvorosa Alquízar, a alguien se le ocurrió pintar en una valla que antes se usaba para poner imágenes de supuestos héroes y letreros afines a la tiranía, un letrero con un «Abajo Canel», grandísisimo.

Y ya sabemos, movilizados todos. Llamadas de los chivatos del barrio a la policía, que inicia alguna investigación para tratar de encontrar a los culpables, porque ‘seguro que detrás de la pintura está la mano de muchos, incluso de alguno desde afuera, que paga por esas acciones’, según la mente calenturienta de la dirigencia y sus perros, los agentes.

Luego, núcleo de jubilados y la asociación de combatientes. Preguntan si alguien tiene pintura o tinta de zapato para tapar el letrero, pero ninguno de ellos tiene pintura. De hecho, sus casas se caen a pedazos, no tienen con qué afeitarse, incluso no tienen ni zapatos, así que cómo van a tener tinta.

Puede ser una imagen de 2 personas, calle y texto que dice "AbAX 大 CANEL"Y cómo no hay pintura, salvo en las tiendas en divisas y ellos no pueden comprarla, deciden que la solución es raspar el letrero. Uno sugiere que vayan cinco a quitarlo, pero el dirigente mayor se opone, con un «cinco no, que llamaría mucho la atención. Mejor uno solo para que no se den cuenta». Y así, como si fueran a poner una mina para volar un puente en un combate, con un sigilo enorme, designan al que se encargará de la misión, que tampoco tiene buenas herramientas para la misma.

Al final, raspa cada una de las letras azules que mandaban al infierno al Hombre de la Limonada, pero deja el rastro de la frase. Una vergüenza más en un país sin cabeza, y sin pies, que está condenado a caer cada vez más abajo, por la ineptitud de un gobierno asesino, preocupado solo por el bienestar de los de arriba, y de sus execrables ancianos dirigentes, alguno de los cuales ha de fallecer este año, tal como está previsto.

Lo de Alquízar es un bochorno, pero que nadie se asuste, porque de bochornos está llena la historia de la revolución, del castrocomunismo, así que una más no cambia las cosas.