CANEL Y MARRERO EN TIEMPO DE VIAJES

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Por Anette Espinosa
La Habana.- Hay una gran diferencia entre Manuel Marrero y Miguel Díaz-Canel, aunque nosotros pensemos que son harina del mismo costal, que parezcan amigos, o que haya subordinación total del primer ministro al impuesto presidente.
Nada de eso. Nada de amistad o subordinación, porque Marrero, que fue catapultado al cargo por su cercanía con el fallecido general de división Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, exyerno de Raúl Castro, padre del Cangrejo y dueño de GAESA, por ese orden, se siente intocable, aunque sus ministros, sus verdaderos subordinados -y él mismo- la caguen una y otra vez.
Dueño de hostal privado niega tener vínculos de negocios con hijo de Manuel  Marrero | ADN CubaAmbos, Canel y Marrero, se dan la buena vida. El primero piensa que aún es secretario del partido comunista en Villa Clara y cree que con hacer dos reuniones, e ir a un municipio una vez al mes y pedirles a los campesinos que les vendan lo poco que producen, que es cada vez menos, al gobierno y no a los intermediarios, resolverá el problema de un pueblo al que le exige cada vez más sacrificios, los cuales él, por supuesto, no comparte.
El otro no tiene nada que ver con pueblos ni partidos. Lo suyo era el turismo, sus paseos constantes -llamémosle giras o recorridos- por los constantes polos turísticos del país, las cenas copiosas, el wisky abundante, la variedad de mujeres… en fin, vida de un banquete en otro. Y eso no ha cambiado desde que es primer ministro.
El primero tiene un miedo atroz a que lo quiten de presidente. Sabe que su puesto depende de la voluntad de los Castro. Si cualquiera de ellos cree que es hora de buscar a otro para que ejerza de niño de azotes, al momento lo levantan en peso, y perdería todas sus prebendas, entre ellas los constantes viajes al exterior, la tranquilidad de una vida con todo resuelto, algo que nunca imaginó él, que se creyó siempre un segundón sin otras pretensiones.
El otro se siente afincado. Cuando ocurre algo, léase accidente, fuego, carestía de combustibles, electricidad, alimentos, jamás aparece en público a dar explicaciones ni a pedírselas a sus ministros. No es su problema. Lo suyo es seguir su vida tranquila, con sus gustos, garantizando el bienestar familiar, su fortuna para un hipotético mañana que ni él mismo imagina, y nada más.
Sin embargo, hay un aspecto en el que voy a llamar la atención y se trata de los viajes de ambos al exterior, y las diferencias entre uno y otro a la hora de tomar un avión oficial con destino a otro país, aunque sea al cercano México o a Rusia, donde van los dos, al parecer, a rendir cuentas al zar del Kremlin.
Miguel Díaz-Canel llega a Nueva York para participar en la Asamblea General  de las Naciones UnidasLa comitiva de Canel la forma La Machi, el amplio equipo de prensa, pantrista, médico y enfermera y un amplio cuerpo de seguridad, más los ministros o viceministros que habitualmente lo acompañan. En eso, aunque digamos lo contrario, el presidente impuesto por la familia Castro no es muy exigente. Hay que reconocerlo. Porque del afeitado se encarga él, se pela antes de viajar, y la ropa que usará va lista desde Cuba, según información a la que ha tenido acceso El Vigía de Cuba de alguien de su grupo de prensa que pidió anonimato total.
Por su parte, los acompañantes de Manuel Marrero son muchos más y las delegaciones que encabeza son más variopintas, con la misma cantidad de escoltas, alguna mujer para funciones que nadie conoce -pero todos imaginan- y que no siempre suele ser la misma, médicos -más de uno-, enfermera, cocinero, pantrista, encargados de probar la comida (dos), y otros de buscarle lo que él hombre quiera comer, además de barbero, encargado de la ropa, y un equipo de prensa abundante, mayor que el del presidente.
Ambos suelen alojarse en suites de hoteles cinco estrellas de los países donde van, y en los dos casos prefieren alquilar pisos enteros para sus acompañantes, aunque muchas habitaciones queden vacías.
MTSSLa fuente, que ha tenido la posibilidad de viajar con uno de ellos y conocer de primera mano la forma en que lo hace el otro, considera que hay una diferencia abismal entre los gastos del presidente y del primer ministro, y de los acompañantes del primero y el segundo, con hasta 50 personas de diferencia entre una delegación y otra, siempre con mayoría a favor de Marrero, de quien ya se empieza a comentar en algunos círculos que puede convertirse en el relevo de Díaz-Canel, si es que Raúl Castro no estira la pata antes y ni uno ni otro.
De cualquier manera, la vida de ambos no tiene nada que ver con la del cubano común. Sus gustos, costumbres y antojos están muy lejos de lo que puede siquiera imaginar un cubano común, y su actuar, gastos, modo de vida, tendrán que ser explicados alguna vez ante algún tribunal y responder por ellos.