DA PENA ESTE PAÍS

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Manuel García Verdecia
Holguín.- Hoy, al salir de la iglesia, llevé a mi esposa a dar un paseo por el día de las Madres. Calles vacías, parques sin niños, lugares cerrados, otros abiertos pero sin clientes por la intimidación de los precios, gente caminando cabizbaja como tratando de hallar un destino en el pavimento.
Otras tratando de conectarse desde la nostalgia con los muchos que han volado a otros confines más promisorios.
Nos sentamos un tiempo en el banco roto de un parque desierto, cuyas plantas casi secas nos recordaron a los nietos que solían jugar entre sus ramas. Distantes se oían las voces de un coro que desde una iglesia pedía anhelante sembrar amor. Al rato, nos dimos las manos y silenciosos regresamos a la casa.
¡Qué triste panorama! Y pensar que todo se debe a un porfiado capricho de persistir en una infructuosa idea contra toda razón y contra la naturaleza humana. Qué fácil podría ser si solo hubiera la humildad de aceptar y dejar fluir la diligencia de todos.
Llegamos a la casa callados. Atrás quedó la ciudad, una flor mustia.