¿CÓMO ERAN LAS CASAS EN LA ANTIGUA ROMA?

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Tomado de MUY Interesante

La vida doméstica de los romanos adinerados tenía lugar en las distintas zonas de la domus.

Madrid.- Un día a día de la antigua Roma, las domus eran mucho más que meros refugios para sus habitantes; eran verdaderos epicentros de la vida cotidiana. Estas estructuras no solo servían como hogares familiares, sino que también funcionaban como lugares de negocios, centros de culto y espacios sociales. Similar a las viviendas modernas que combinan áreas de trabajo y ocio bajo un mismo techo, las domus romanas reflejaban una fusión de funcionalidades que destacaba su importancia en la sociedad romana. Este artículo explora la intrincada relación entre arquitectura y vida diaria en Roma, revelando cómo estas antiguas casas moldearon la civilización que las creó.

Recreación del atrio de una casa romana

Recreación del atrio de una casa romana. Duncan / iStock

De cabañas a mansiones

La evolución de la vivienda en Roma refleja un viaje arquitectónico desde humildes orígenes hasta el desarrollo de sofisticadas residencias. Inicialmente, los primeros romanos habitaban en casae, simples cabañas redondas con techos cónicos de paja, construidas para atender las necesidades básicas de protección y refugio. A medida que Roma expandió sus horizontes, entró en contacto con culturas avanzadas, especialmente los griegos. Esta influencia helénica transformó profundamente el diseño residencial romano, introduciendo el concepto de la domus.

Estas casas unifamiliares eran más amplias y estructuradas. Tenían un diseño centrado en el atrio, un espacio que servía como corazón luminoso y social de la vivienda. La adopción de columnas, mosaicos, y frescos detallados refleja cómo la estética griega fue adaptada y transformada bajo el prisma de la identidad y funcionalidad romana, marcando un hito en la concepción del hogar que perduraría a través de los siglos.

Partes domus romana

Partes de una ‘domus’ romana. PureCore / Wikimedia

Partes de una ‘domus’

La domus romana, con su diseño meticulosamente planificado, era una manifestación de estatus, poder y orden social en la antigua Roma. Estas viviendas unifamiliares se destacaban por sus características arquitectónicas distintivas que no solo cumplían funciones prácticas sino también sociales y simbólicas.

La zona que articulaba la domus era el atrio, un espacioso salón central abierto en su techo para permitir la entrada de luz y la recolección de agua de lluvia en el impluvium, una piscina situada en el centro. Este diseño optimizaba la iluminación y la ventilación, y servía como un simbólico portal que conectaba el mundo exterior con el interior privado. El atrio era también el escenario de importantes actividades sociales y rituales, incluyendo la salutatio matutina, donde el patrón recibía a sus clientes.

Adyacente al atrio se encontraba el triclinium, o comedor, donde se llevaban a cabo los banquetes. Amueblado con tres lechos reclinables dispuestos en forma de U, reflejaba la costumbre romana de comer recostado, una práctica importada de Grecia que enfatizaba el ocio y el debate entre los comensales.

El hortus, o jardín, ubicado usualmente detrás de la vivienda, proporcionaba un retiro tranquilo del bullicio urbano. Este espacio complementaba la estética de la domus, y funcionaba como un lugar para el descanso y la contemplación, reforzando el vínculo con la naturaleza.

Detalles como el «Cave Canem» (Cuidado con el perro), un mosaico comúnmente ubicado en la entrada, no solo advertían a los visitantes de la presencia de un perro guardián, sino que también simbolizaban la protección y la vigilancia, subrayando la importancia de la seguridad y la privacidad en el hogar romano.

Cada elemento de la domus estaba diseñado para reflejar y reforzar la jerarquía y las funciones sociales de sus habitantes, convirtiendo a estas viviendas en verdaderos símbolos del mundo romano.

Casa Pompeyana

Atrio de una casa en Pompeya. Patricio Lorente / Wikimedia

La vida doméstica en la antigua Roma

Dentro de las paredes de una domus romana, la vida bullía con una mezcla de actividades familiares, sociales y comerciales. El tablinum, situado entre el atrio y el peristilo, servía como oficina donde el pater familias gestionaba sus asuntos financieros y comerciales, y recibía a sus clientes en el ritual de la salutatio matutina. Este espacio era el núcleo administrativo de la casa, y aquí se tomaban decisiones que afectaban a la familia y a sus numerosos dependientes.

El triclinium, por su parte, era el centro de la vida social de la casa. Aquí se llevaban a cabo los banquetes, eventos cargados de significado social y político. En estas cenas, los invitados se recostaban, disfrutando de manjares mientras discutían desde política hasta literatura, en un ambiente perfumado con incienso y adornado con frescos vibrantes que relataban mitos o escenas cotidianas.

La vida familiar también se distendía en el hortus, donde los niños jugaban entre las plantas y fuentes, y las mujeres de la familia podían dedicarse a sus labores de tejido o supervisión de la servidumbre, manteniendo el orden y la elegancia que caracterizaban la domus romana.

La vivienda de los pobres

En marcado contraste con la opulencia de las domuslas insulae albergaban a los romanos menos acaudalados. Estos edificios multifamiliares, frecuentemente construidos con materiales de baja calidad y diseño apretado, carecían de los lujos de las villas urbanas. Las insulae solían ser hacinadas y carecían de instalaciones básicas como agua corriente y sistemas de calefacción, condiciones que exacerbaban los riesgos de incendio y enfermedades. Mientras los ricos disfrutaban de espacios amplios y decorados, los habitantes de las insulae vivían en pequeños apartamentos, a menudo oscuros y húmedos, una realidad urbana que evidenciaba la profunda brecha social de la Roma antigua.

Casa romana

Pintura romántica de una casa romana. Lawrence Alma-Tadema / Wikimedia

La domus romana refleja el ingenio arquitectónico de la antigua Roma y nos ofrece un espejo al pasado, revelando realidades sobre su sociedad. Los restos arqueológicos de estas viviendas, desde lujosas villas hasta humildes insulae, son ventanas hacia las diferencias sociales y estilos de vida de un imperio que todavía influye en nuestro diseño urbano y arquitectónico. Al visitar estos sitios o estudiar sus estructuras, no solo preservamos la memoria histórica, sino que también continuamos aprendiendo y encontrando inspiración en las lecciones de un pasado lejano, pero perpetuamente resonante.