ASÍ ‘FABRICÓ’ EL PROGRAMA LEBENSBORN A LOS NIÑOS ARIOS

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Tomado de MUY Intreresante

Himmler lideró un trágico plan para engendrar una generación superior y racialmente pura que culminaría en una Alemania completamente aria. El llamado Programa Lebensborn también incluyó el secuestro de niños de otras países ocupadas.

Madrid.- En el marco de las políticas raciales del Tercer Reich, surgió un extraño y retorcido programa que, financiado por las SS nazis, pretendía aumentar la población aria tanto en Alemania como en los territorios conquistados tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Una suerte de «fábricas de bebés» en pos de la grandeza de ese Reich de los Mil Años que soñaba Himmler y en el que las mujeres de «sangre pura», la mayoría solteras, pudiesen dar a luz a bebés racialmente superiores.

Niños arios

El Lebensborn o «Fuente de vida» eran centros de maternidad para madres solteras de sangre aria con todos los cuidados necesarios para que nacieran los futuros alemanes puros Foto: Getty.

La raza sería una de las bases fundacionales del Partido Nazi (NSDAP, por sus siglas en alemán). Cuando ya había configurado sus SS (abreviatura de Schutzstaffel o Escuadra de Protección), casi como un Estado dentro del Estado nacionalsocialista, el Reichsführer Heinrich Himmler, uno de los hombres más fuertes del Tercer Reich, se entregó en cuerpo y alma a la edificación de esa Alemania racialmente «pura» que proclamaba la propaganda oficial y en la que no tenían cabida las minorías ni el gran enemigo del régimen, los judíos.

El amplio organigrama de las SS, organización paramilitar que realizaba un juramento vital a Adolf Hitler y cuyo lema era «Mi honor es mi lealtad» (al Führer, claro), sería también donde nacería un organismo con un objetivo realmente depravado en pro de esa gran Alemania que exigía su «espacio vital» y que, inexorablemente, condujo al desastre y a la mayor guerra conocida en toda Europa.

En pleno auge de su poder y sumido en su locura racial, en diciembre de 1935, Himmler fundó el Lebensborn e. V. o «Manantial de la Sociedad de la Vida», popularmente conocido como «Fuente de vida», nada menos que centros de maternidad especiales destinados a las madres solteras de «sangre aria» que se habían quedado embarazadas de hombres de las SS o de policías. En dichos recintos, aquellas mujeres tendrían a sus hijos en secreto en medio de los más exigentes cuidados. Los centros Lebensborn serían un gran campo de pruebas genético de la «pureza» de la raza, verdadera obsesión del Reichsführer y de un amplio sector del Partido Nazi, con Hitler a la cabeza.

Hitler saluda a una niña en 1932

En el ideario nazi se encontraba la consecución de una raza aria pura. En la imagen, Hitler saluda a una niña en la campaña electoral de 1932. Foto: Getty.

Luego, la idea era entregar a esos retoños «arios» a las familias de las SS que quisieran adoptar a un hijo o bien se convencía al padre para que se casara con la muchacha residente y formaran juntos un núcleo familiar perfecto a ojos del régimen de la esvástica. La principal intención del programa era evitar que se produjeran abortos, algo que aborrecía el ideario nazi (no así con los enemigos del Estado y a los racialmente «inferiores», a los que incluían en programas de esterilización forzosa), privando así al Reich de un nuevo vástago ario.

La sinrazón nazi alcanzaba con este plan visos de auténtica depravación que, sin embargo, tenía carácter oficial, lo que la hacía imparable y allanaba el camino a la política de exterminio.

Objetivos primordiales

El objetivo principal del programa Lebensborn era proveer a los miembros de las SS y a los alemanes «racialmente puros» de incentivos con la intención de fomentar la concepción de vástagos arios. El 13 de septiembre de 1936, Himmler dirigía la siguiente hoja informativa a sus guardias negros: «La organización Lebensborn e. V sirve a los líderes de las SS en la selección y adopción de niños cualificados. La organización se encuentra bajo mi dirección personal, es parte de la agencia central de raza y colonización y tiene las siguientes obligaciones:

  1. Ayuda para las familias racial y biológica-hereditariamente valiosas.
  2. El alojamiento de madres racial y biológica-hereditariamente valiosas en casas apropiadas.
  3. Asistencia a los niños de tales familias.
  4. Asistencia a las madres.

Es el deber honorable de todos los líderes de la organización de la agencia central (las SS) convertirse en miembros de la organización Lebensborn e. V. La solicitud de admisión debe ser completada antes del 23 de septiembre de 1936. (Reichsführer-SS, Heinrich Himmler)».

El programa estaba dedicado a producir una raza superior cuyo número creciente proporcionaría al Reich, en palabras del jefe médico del mismo, «600 regimientos extra en un plazo de 30 años», lo que denota una vez más que el régimen nazi se preparó desde el primer momento para la guerraHimmler y Martin Bormann realizaron cálculos según los cuales a través del mismo lograrían implementar una guardia pretoriana de 400.000 hombres que estaría lista para cuando finalizara la Segunda Guerra Mundial. Para el Reichsführerlos niños nacidos en el seno de Lebensborn crecerían y liderarían una Nación Aria.

Cartel La juventud sirve al Führer

«La juventud sirve al Führer. Todos los niños de 10 años en las juventudes hitlerianas», reza el cartel alemán de 1941. Foto: Shutterstock.

El Lebensborn pertenecía a la RuSHA, la Oficina de Raza y Reasentamiento, comandada por Walther Darré, y era administrado por su Departamento de Familias o Clanes, conocido como Sippenamt, responsable de la genealogía de los nuevos miembros de las SS. El primer hogar Lebensborn se abrió en 1936 y, poco después, el Departamento de Familias estableció oficinas para el bienestar familiar de Regimiento, con la intención de ocuparse de las viudas o de los huérfanos de miembros de las SS, oficinas que se extenderían aún más tras el estallido de contienda. La idea era promover el crecimiento de poblaciones arias «superiores» mediante excelentes cuidados médicos.

Apadrinados por el Reichsführer-SS

Para acallar los rumores cada vez más crecientes de que dichos centros Lebensborn eran una suerte de burdeles o «clubs oficiales de las SS», se negó a los padres el privilegio de visita y las instalaciones eran patrulladas día y noche por guardias de la organización paramilitar con perros policía. El Reichsführer Heinrich Himmler se implicó personalmente en el programa de guarderías. A pesar de su importante papel como jefe de las SS y de estar al frente de otros proyectos, como la Ahnenerbe, siempre sacaba tiempo para interesarse por el devenir de las residencias Lebensborn e incluso existen pruebas documentales de que visitaba frecuentemente algunos establecimientos, pedía informes sobre los neonatos y sobre las condiciones en que se encontraban las instalaciones.

Se convirtió en una suerte de tutor de cientos de estos niños que iban a garantizar —a su parecer— la pureza de la raza germánica. Aquellos que nacían el día del cumpleaños del Reichsführer, el 7 de octubre, recibían regalos especiales y muchos eran bautizados siguiendo un ceremonial de tintes paganos específico, rodeado de simbología nazi, que cautivaba al jefe de las SS imbuido de un misticismo rayano en la locura.

Himmler

El oficial nazi y jefe de las Schutzstaffel (SS) Heinrich Himmler en 1930. Foto: Getty.Getty Images

El primer centro Lebensborn, que recibió el nombre de Heim Hochland, abrió sus puertas en 1936 en Steinhöring, a poco más de cuarenta kilómetros de Múnich. Sin embargo, a comienzos de los años 40, el programa, que era ya una realidad, no estaba produciendo el número de nacimientos necesario. En las 10 casas diseminadas por Alemania solo habían nacido aproximadamente 7.500 niños. A ello se añadía otro problema: según la política de la organización, los SS debían tener al menos cuatro hijos, sin embargo, el promedio estaba más cerca de uno por cabeza. A pesar de que se daba incentivos a los guardias negros para tenerlos —e incluso había multas para quienes no los engendraran—, la mayoría de los SS recelaron del asunto y prefirieron no producir vástagos que automáticamente eran propiedad del Estado. Lo mismo le sucedía a las mujeres.

Paradójicamente, el programa Lebensborn conllevaba aprobar los nacimientos ilegítimos y ello chocaba con el principio nazi de proteger los valores más tradicionales como la familia. Es por ello que permaneció secreto para la opinión pública.

La vida en un centro de reproducción selectiva

En el proyecto se tomaban una serie de medidas para seleccionar a los padres del niño o niña, que debían pasar un test de pureza racial. Para las mujeres, se tomaban como parámetros cuestiones fisonómicas como tener el pelo rubio o los ojos azules (era preferible, pero no obligado) y también se analizaba —a través de los especialistas de la Oficina de Raza y Reasentamiento— el linaje familiar de los postulantes: debían demostrar su pureza racial y la ausencia de enfermedades congénitas en al menos tres generaciones. Por ello, solo el 40% de las mujeres que se presentaron lograron superar el test y pasar a formar parte del sistema de guarderías. La mayoría de las mujeres que ingresaron eran solteras: en 1939, alcanzaban un 57,5%, y en 1940, alrededor del 70%.

Mujeres que daban a luz en el Lebensborn

Las mujeres que daban a luz en el Lebensborn era madres de los líderes de una futura Nación Aria. Para ello, se comprobaba la pureza de sangre y la genealogía de las mujeres. Foto: Getty.

Los primeros hogares Lebensborn fueron amueblados con lo más selecto de las pertenencias arrebatadas a los judíos enviados al campo de concentración de Dachau. ¿Y qué hacían los niños que vivían en aquellas «guarderías»? Pasaban los días al aire libre (siguiendo la máxima nacionalsocialista de estar en contacto con la naturaleza para fortalecer el espíritu), ocupados con actividades, canciones y juegos aprobados por el régimen, y sus responsables les enseñaban a ser activos, agresivos, en definitiva, a convertirse en líderes: los que necesitaría algún día el magnificente Estado SS con el que soñaba Heinrich Himmler.

Por supuesto, no todos aquellos niños «racialmente puros» nacieron sanos, y en otro de los muchos y retorcidos dramas provocados por el nazismo, aquellos que tenían alguna malformación o enfermedad importante eran asesinados casi de forma inmediata (y secreta, claro).

«Cosechas» en los países ocupados

A partir de 1940, para llevar adelante su aspiración, Himmler se centró en los países ocupados. En verano de ese año ya habían caído Checoslovaquia, Polonia, Dinamarca, Noruega, Bélgica, Luxemburgo, los Países Bajos y Francia, un territorio inmenso que ofrecía múltiples posibilidades que le permitía realizar aquello de lo que se jactó durante un discurso en 1938: «Pretendo conseguir sangre alemana de cualquier lugar del mundo, robarla y recuperarla de donde pueda». Sin embargo, a las SS no le fue fácil crear residencias Lebensborn en los países bajo su órbita. Mientras en la propia Alemania no habían gozado ni por asomo del éxito que la Orden Negra presuponía, en otros territorios encontraron una férrea resistencia. Por ejemplo, en Francia las mujeres que estaban embarazadas de algún oficial alemán supieron que si iban a los centros Lebensborn podían salir de allí sin sus hijos, así que la inmensa mayoría se resistió a acudir a las guarderías.

Todo fue distinto en Noruega. El gobierno de Vidkun Quisling colaboraba abiertamente con el Tercer Reich y permitió crear en el país 9 centros Lebensborn, algo que entusiasmó a Himmler, ya que consideraba a los noruegos descendientes de los vikingos y las mujeres tenían por lo general el pelo rubio, los ojos azules y una «sangre fuerte», su ideal de raza nórdica.

Salvo en el caso de que tuvieran antepasados judíos, se otorgaba una absoluta validez racial al hijo que procrearan. A las mujeres noruegas les ofrecían comida excelente, matronas, atención médica, todo un sistema hospitalario dentro del sistema. Pero el Lebensborn e. V. escondía una trampa: sus hijos no serían de su propiedad. Una vez que entraban en las «guarderías» dispuestas a dar a luz, sus responsables les obligaban a firmar un documento en el que figuraba que sus vástagos pasaban a ser propiedad del Estado alemán.

Tras nacer, los enviaban a Alemania, a familias de acogida «puramente arias», clínicas de maternidad, etcétera. Se calcula que entre 6.000 y 12.000 hijos de los nazis nacieron en Noruega en el marco del programa SS. En otros países, la estrategia fue muy diferente, como en el caso de la Polonia ocupada. Si no se podía crear niños racialmente válidos, los robarían. Por ejemplo, en el este del país, que había sido en parte alemán, los SS llevaron a cabo con insistencia dichos planes. Mientras cientos de miles de personas eran enviados a los campos de concentración para una muerte casi segura en el marco de la siniestra política del exterminio, aquellos niños que los SS consideraban adecuados para la «germanización» entraban en las residencias Lebensborn. Previamente, debían ser sometidos a pruebas raciales que también llevaba a cabo la RuSHA (como mediciones craneales), una suerte de selección que muchos candidatos no superaban.

Como cuerpo policial (apoyado en la Gestapo), las SS podían entrar en las casas, en los hospitales y en las escuelas, y determinar si había algunos pequeños que podían encajar en el ideal ario, y robarlos. Se calcula que la organización paramilitar nazi secuestró, solo en Polonia, a unos 200.000 niños. Muchos fueron enviados a campos de reeducación, donde se les inculcó el ideario nazi como se hacía en los campamentos de las Juventudes Hitlerianas.

Comida de grupo de la Liga de las Muchachas Alemanas

Comida de un grupo de niñas de la «Liga de Muchachas Alemanas». Estas organizaciones eran el germen ideal para propagar la ideología nazi entre la población. Foto: Getty.

El desmantelamiento final y el silencio

Los SS falsificaban documentos y certificados de nacimiento para los recién llegados a las residencias Lebensborn, cambiándoles el nombre y el apellido, y en algunos casos incluso la verdadera fecha del nacimiento. Luego, eran realojados con familias de acogida alemanas que en muchos casos tampoco conocían sus orígenes polacos. Después de la guerra, miles de estos niños tampoco supieron de su pasado; algunos tardaron décadas en conocer que formaron parte del programa; otros, nunca lo hicieron. Muchas madres adoptivas alemanas prefirieron guardar silencio ante la vergüenza y el estigma que suponía mencionar siquiera el nazismo.

A día de hoy, se desconoce cuántos niños fueron trasladados por el programa Lebensborn e. V., u otras organizaciones debido a la destrucción de los archivos por parte de miembros de las SS antes de la llegada de las tropas aliadas. Tras la guerra, en Núremberg se juzgó a los líderes de la organización, acusados de secuestro de niños y su reubicación entre familias alemanas, pero la corte encontró que solo 360 de ellos habían sido trasladados por miembros de la Lebensborn y los acusados fueron exculpados de los cargos de secuestro. De esta forma, no se hizo justicia a estos niños robados, abandonados y estigmatizados.

Inge Viermetz

Inge Viermetz, responsable del Lebensborn en la Alemania nazi. Foto: ASC.

En noviembre de 2006, según se hacía eco la BBC, hubo una reunión de niños de «raza superior», los vástagos del Tercer Reich, como una forma de destruir mitos y congraciarse con el pasado. Un pasado muy siniestro. La mayoría de niños nunca regresó con sus familias biológicas y muchos desconocieron de por vida su verdadera identidad. Se calcula que hacia el final de la contienda, en 1945, la cantidad de infantes secuestrados rondaba los 250.000, de los cuales solo unos 25.000 regresaron a sus casas. Fue otra de las muchas tragedias humanas del plan nacionalsocialista para conquistar el mundo.