TODO ZAR TIENE MASCOTA

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Por Hermes Entenza
Nuremberg.- Toda persona poderosa ha querido tener y exhibir a su mascota. Veamos que la historia está colmada de escenas «entrañables», donde reyes y dictadores posan acariciando su animalito predilecto. Es el glamour de la corte.
A veces el faldero supera al amo en masa corporal, pero al amo le gusta, pues los lengüetazos son más cálidos, y un cuerpo grande y romo es más vendible, sobretodo si es una especie importada de países exóticos, totalmente fiel e incapaz de mostrar desapego a pesar de su corazón asesino.
No importa que el animal sea un poco tonto y no sepa ladrar con clase; la idea es posar ante todos, para que sepamos que, a pesar de su soberbia, de su fama de Dios de la barbarie y de sus manos llenas de sangre, el Zar dedica un instante para acariciar a su infeliz mascota.
Después de la foto candorosa, el amo se vira y le grita: ¡Salta! y el cuadrúpedo mueve el rabo con emoción, y sí, salta de alegría, recibiendo victorioso su pedacito de carne.