DÍAZ-CANEL NO REPRESENTA A LOS CUBANOS LIBRES

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Por Joel Fonte
La Habana.- No hay que sentir vergüenza -como algunos se lamentan- de que el mayordomo de Raúl Castro haya corrido otra vez al reclamo del dictador ruso Vladimir Putin, para arrojarse a sus pies y recordarle que Cuba está a la venta, y que el otrora criado de Boris Yeltsin tiene prioridad en la subasta.
No hay que avergonzarse porque este señor -embriagado en su personaje de presidente sin Poder, que carga con su entorno familiar en sus paseos internacionales como dádiva por su abyección, con desprecio de lo que aquí padecemos millones a causa de ese sistema criminal- simplemente no nos representa ante la comunidad de naciones democráticas.
Un cubano digno, un hombre de bien, un dignatario elegido libremente por los cubanos e investido de legitimidad verdadera para representar a nuestra nación en el mundo, jamás habría desempeñado un papel tan infame -cumpliendo las órdenes de Castro, y por su propia naturaleza servil y reaccionaria- apoyando explícitamente la guerra genocida, cruel, y de rapiña, que Putin ha desatado por más de dos años contra el pueblo ucraniano; una guerra que ha despojado a ese país soberano de miles de kilómetros cuadrados de su territorio, y que ha sembrado la muerte en miles de familias.
La bárbara invasión rusa, que el señor Díaz Canel llama cínicamente «operación militar especial» -practicando un eufemismo necio inducido por los rusos- no solo ha enviado al Hades inmerecido a cientos de miles de vidas, entre ellos niños, ancianos y mujeres inocentes, sino que ha regresado a la humanidad a los días temerosos de la guerra fría, cuando se temía una confrontación nuclear.
El discurso arrogante, ensoberbecido de un Putin que lleva más de 20 años aferrado al Poder, cada vez amenaza más con la destrucción atómica.
Es entonces el Castrismo, representado por este mal payaso de circo, el único «gobernante» de occidente que acude a rendir honores al déspota asesino, a besar su mano mientras pide las limosnas de rigor…
Ni siquiera otros gobiernos de izquierda, claramente alineados en bloques que buscan socavar la democracia y los valores liberales, han dejado de acusar, de denunciar la agresión a Ucrania; hasta el gobierno socialista español de Pedro Sánchez, una vergüenza para la democracia española y europea, ha levantado su voz y denunciado al nuevo emperador ruso…
Pero los «valores» que por décadas ha dicho defender el régimen castrista son dúctiles, variables, y se ajustan a las necesidades amorales de sus líderes. El principal de esos «valores socialistas» es el desprecio más absoluto por la verdad, la ausencia de principios…
Los otros presentes en la representación, los presidentes de las repúblicas que integran la Unión económica euroasiática -una versión oriental del ALBA caribeña para darle apoyo político a Putin y reptar alrededor del Kremlin en busca de sostén económico- son personajes igualmente aniquilados políticamente ante sus naciones.
Entonces, no, no tenemos que sentir vergüenza.
Tenemos, eso sí, que multiplicar nuestra fe en que este canalla infame que nos roba la vida a los cubanos caerá -ya está cayendo- y que sabremos darnos el nuevo país que merecemos levantando con firmeza la voz y el puño de ciudadanos libres.