LA HISTORIA ACTUAL DE CUBA SE ESCRIBE CON DOLOR

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Por Adalixis Almaguer
Miami.- Dicen algunos entendidos que los que hablan de daño antropológico no saben tanto porque no existe tal figura en la sociología y sus áreas de estudio. Yo no sé, pero quiero saber cómo llamarle al daño que nos produjo el aislamiento por tanto tiempo del mundo, qué nombre tiene eso que se nos rompió en el cerebro de tanto oír todos los días que éramos los mejores en todo sin cifras comparativas reales y sin saber cómo funcionaban las cosas del otro lado de la pared de agua.
Lo que sí sé con toda certeza (aunque no sepa el nombre) es que aprendimos a matar -o creer que lo hacíamos- gorrioncitos con cañones estilo agente invencible 007 y nuestra verdad es la más verdadera e irrebatible. Los oídos para escuchar la verdad del otro es tema aparte que no viene al caso, no importa cuánto se parezca o nos pueda ayudar a calibrar la nuestra.
Soy de las que piensa que cuando se cuenten los actos de los malos se va a contar entre ellos el silencio de los buenos. Cuba dejó hace mucho de ser un problema político para convertirse en un tema de la más elemental humanidad al que nadie debería ser insensible. No quiero entre los míos a un ser humano que mire a Cuba y vire los ojos al otro lado sin que se le tuerzan las vísceras de dolor. Pero no llegué a este punto el martes 5 de febrero del 74 cuando nací en el hospital Lenin. Me tomó libros prohibidos, hambre, desesperanza, desarraigo, exilio, y un largo proceso de sanación interna llegar hasta aquí. Aún siento aprehensión en los aeropuertos, aunque ya no hable bajito por los rincones.
Me tomó años sin debatir públicamente atragantándome con las palabras que Cuba me había atorado en la garganta. Me tomó gritarme hacia adentro, hacia las entrañas por mucho tiempo porque yo siempre me había preciado del buen uso de las palabras no encontraba los verbos exactos, los adjetivos correctos. Me tomó mucho tiempo aceptar el pago, me tomó mucho tiempo aceptar el riesgo.
Quizás me tomó más tiempo porque no tuve el catalizador 11J.
Me tomó más tiempo del que hubiese querido pero ya he llegado. Y no voy a desgastarme enfocando mi cañón de matar gorrioncitos a nada que no sea la dictadura. ¿Quisiera que todos estuviesen en mi misma página? Sí. Por supuesto. Pero mi enemigo tiene sillas reservadas en el Comité Central y perder el foco no me adelanta en el camino hacia la libertad. Desgañitarme sobre los que hacen conciertos, pegan tarros, se compran carros, celebran cumpleaños, no libera a los presos políticos, no le da comida a los que tienen hambre, no alumbra en las largas noches de apagón.
Es cierto que la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró celebrar cada 3 de Mayo  el día Mundial por la libertad de prensa para recordarle a los gobiernos la importancia de respetar el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 que establece:
//Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.//
Pero en Cuba aún no han recibido el memorandum y nosotros los que vivimos en el mundo libre lo utilizamos en libérrima cuantía.
La historia de la revolución cubana se escribió, y se reescribe cada día con dolor. Es un disco atascado en una vieja vitrola repitiendo las consignas que ya no significan nada. Tómese una cucharada del artículo 370 de la actual constitución y sienta lo que es atragantarse con lo que no puede decir. Y piense entonces si ir acusando a derecha e izquierda al que hizo, o no hizo, o no hizo como yo quería que hiciera, es lo más sabio cuando hay un poder dictatorial que amordaza a los que tienen prohibido decir todo, los que deberían ser nuestro centro de atención, a los que deberíamos darle nuestra voz.
Muchas familias en Cuba pueden atestiguar lo que significa que te maten a uno de los tuyos por la única culpa de pensar diferente. Que te formen un expediente de no confidencialidad por el solo pecado de tener una idea, la más mínima idea, que te tilden de peligroso socialmente por querer expresarte.
Y lo más triste es que el problema en Cuba no se limita a la nula libertad de expresión. Tiene fronteras con la represión, el abuso, la mentira, la corrupción, el descaro plano y simple del abuso del poder. A esas familias no les resuelve su situación los ataques en las redes a cualquiera que sea la chupeta de moda que nos inventemos para desvirtuar la atención.
A los cubanos nada les resuelve el juego al ripia´o que estamos jugando, quién sabe si producto al daño que no tiene nombre pero que nos ha convertido en una sociedad jodida y con tremendo ADHD.
Díganme en qué puedo ayudar, qué es lo próximo que podemos hacer, articulen propuestas y súmenme sin siquiera preguntarme. Voy con todo y #AFavorDeTodoLoQueEstáEnContra
A Cuba nos la están matando, a Cuba nos la están violentando mientras discutimos en las redes (la vaselina está perdida y no hay en moneda nacional) y de comentarios ad hominem con los de los aliados del poder dictatorial ya estoy hasta el forro de los bolsillos. No necesito -ni quiero- los de los rivales.