LA IMPORTANCIA DE CONOCER LAS RAÍCES DE LA MÚSICA CUBANA

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Por Alden González Díaz ()
Santiago de Cuba.- El ecosistema musical cubano lleva mucho tiempo de déficit de conocimiento sobre nuestras raíces musicales. La principal manifestación de esa falencia está en el palpable desamor del gremio musical por la tradición musical cubana. Mientras más tiempo pasa más música valiosa deja de formar parte de la memoria emotiva de nuevas generaciones de cubanos en general y de más actores de nuestro ecosistema musical en específico.
El concepto de música cubana anda ya demasiado tergiversado por culpa del desconocimiento de lo raigal. El impacto global de la música cubana gestada en el período republicano llega hasta nuestros días; pero eso nunca será comprendido entre los cubanos de hoy sin estudio.
La historia de la música cubana debe estudiarse a fondo, con un enfoque que se aleje de los clichés que ahora priman –impuestos por muchos años- y que han sembrado mucha confusión en generaciones diversas. La música cubana se merece ser deconstruida en su muy extensa dimensión no solamente por los estudiantes de música, sino también por los del resto de las artes, los de humanidades y todos los vinculados con la pedagogía en general.
Para que algún día se pueda palpar con conciencia qué llegó a ser nuestra música alguna vez, y qué no llega a ser hoy, toca una revisión minuciosa partiendo de la audición, de la escucha.
Tela por donde cortar hay demasiada, pues son infinitas las aristas y la música cubana trascendente no solamente se gestó en Cuba, en muchos procesos la diáspora fue determinante, con énfasis en Nueva York y el DF.
El son, que es una de nuestras bazas culturales más potentes (y que debería ser mirado como un árbol con ramificaciones) es asaz internacional, pero las nuevas generaciones no tienen conciencia de eso.
Temáticas para entrarle a la enseñanza desde la audición hay muchas, pero a mi modo de ver hay una que pide a gritos su estudio consciente: la bajística cubana; el bajeo cubano de otrora debería ser comprendido por el grueso del gremio. Ese instrumento está padeciendo el cáncer del irrespeto al imperio de la tónica y la dominante, del desdén por nuestras raíces soneras y trovadorescas.
Si un día se llega a estudiar el bajeo cubano profundamente otro gallo va a cantar. El gran truco está ahí, se acabarían muchas confusiones que hoy pululan. Hace ya mucho tiempo que el bajeo en el estándar de la música cubana contemporánea no forma parte de un trabajo en equipo, como debería ser.
Para lograr ese poso, sedimento, mental que precisa el instrumento habría que estudiar con detenimiento la diversidad estilística existente en las joyas de nuestra música de siempre y sacar del anonimato instrumental a través del estudio a maestros como Ignacio Piñeiro, Paquito Portela, Cristóbal Mendive, Sabino Peñalver, Lázaro Prieto, Cristóbal Dobal, Elpidio Vázquez, Humberto Cané, Carlos Barbería, Joseíto Beltrán, Dámaso Morales, Roberto Valdés, Bol Vivar, Esteban Ramírez “Guataquita” (no confundir con el tresero), Roberto Nápoles y demasiados más.
En Cuba impera un jazzismo institucional, que al partir del extremismo inherente a nosotros los cubanos lleva mucho tiempo haciendo daño, por ir en detrimento de muchas otras tendencias musicales que merecen atención. Si hay un instrumento que lo sufre es el bajo, por culpa de eso el gremio está lleno de bajistas nacidos en Cuba, pero que ostentan corazones de otros países (sobre todo americanos, estadounidenses). En un país como Cuba, cuna del son, no debería ser considerado estrella de ningún instrumento quien no lo entienda.
Pero mientras usted lee esto fácilmente, en cualquier conservatorio de San Antonio a Maísí algún estudiante de contrabajo que no conoce ni a Cachao está estudiando su programa clásico dando play/pausa a un playlist urbano (ojo: ya ni a Patitucci escuchan).
Nota:
El de la foto ya se sabe, es Cachao; pero realmente me hubiera gustado poner una foto de Sabino Peñalver, que obviamente no tengo (y que agradecería muchísimo tener, ya lo saben). Sabino Peñalver fue la principal influencia en el bajeo de Juan Formell, por ende en el songo. Su estilo pertenece a una línea bien definida moldeada por Arsenio Rodríguez y en la que también se movieron imprescindibles como Lázaro Prieto, Luis Regatillo, Nilo Sierra, Nilo Alfonso, Evaristo Baró «Cuajarón», Sergio de Cuba, Bienvenido Cárdenas y Luis “Ñañá”, entre otros. ¿De verdad que eso no amerita ser estudiado en las escuelas?