MÁS GRANDE QUE GROENLANDIA

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Esteban Fernández Roig
Miami.- Se refieren a Cuba como “una pequeña isla, como una islita”. Cuando en realidad Cuba es una de las islas más grandes del mundo. Y gigante, en nuestros cerebros y corazones.
Al observar el “mapamundi”, para el extranjero Cuba representa un diminutivo puntico, en medio del océano, pero cuando se observa con los ojos de los enamorados, entonces es grandiosa.
Cuba es como aquella niña que dejamos de ver hace 60 años y la recordamos preciosa, olorosa, con su rostro iluminado por el sol cubano, por el más brillante del planeta.
No visitamos aquella novia ni a Cuba porque preferimos recordarlas lindas y jóvenes sin arrugas ni canas y a nuestro archipiélago sin edificios destartalados, ni pestes, ni castigado por la maldad de sus peores hijos.
“He perdido una perla” dice la bella y fatalista canción. Que la pierdan otros, que la den por perdida otros, que la menosprecien otros, mientras muchos la llevamos incrustada en nuestros pechos como el más bello de nuestros recuerdos.
Somos los que nos aferramos a la idea de que Cuba, como el Ave Fénix, resurgirá de sus cenizas…
Dicen unos que es pequeña, sin embargo, para los expertos es una de las más grandes del mundo, es la mayor de las Antillas, y también la más grande de toda América Latina y el Caribe, pues en las Américas no hay ninguna mayor que ella al sur de Terranova.
Geográficamente Cuba no es grande, ni chiquita, ni enorme, simplemente ocupa una posición intermedia en el universo de países. Pero, en nuestro seres interiores, mentalmente, es más grande que Brasil y que Groenlandia.
Cuba hoy afeada y maltratada, destruida y crucificada por el “Poncio Pilato” mal nacido en Birán, pero Cuba resucitará y volverá a ser “la tierra más hermosa que ojos humanos han visto” como la llamará Cristóbal Colón, y “Con todos y por el bien de todos” cómo la soñó José Martí.
Solo me resta pedirle a Dios: “¡Resucita a Cuba! Te lo suplican un pueblo desterrado y un pueblo crucificado!