ILUSIÓN DESBORDANTE

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Por Jorge Menéndez ()

Cabrils.- Con las palabras «ilusión desbordante» describió la víspera el vicepresidente del Barcelona Rafa Yuste la razón por la que decidieron que Xavi Hernández continuara como entrenador blaugrana.

Es de este tipo de ilusiones enmascaradas detrás de una tremenda crisis deportiva, económica e institucional, que dejará varias dimisiones. Tiempo al tiempo, pues el acuerdo de la Junta Directiva culé, ayer mismo por la mañana, era que Xavi no siguiera, pero el presidente Joan Laporta decidió lo contrario por la tarde.

¿Qué ha llevado al Xavi dimitido a recurvar?

Un tío abatido por las criticas, por derrotas impensables, de pronto tiene tremenda ilusión por continuar como entrenador.

Me parece impensable que un técnico defenestrado deportivamente, autoapartado de su cometido de entrenador, ahora, después de dos derrotas duras, clarísimas e históricas, nos venga a transmitir ilusión.

Quizás Xavi no quiera perder los millones de su último año de contrato, o quizás el Barcelona no tenga un duro para fichar a un entrenador de primer nivel´. Ya sabemos que en estos meses se ha hablado de muchos, pero la realidad es otra.

A Xavi le dijeron que de fichajes muy poco, que tiene que atar la segunda posición para entrar en la Supercopa y poco más.

Así esta la situación económica y deportiva. Lo que me queda claro es que en el Barcelona se siguen haciendo las cosas rematadamente mal y la imagen que transmiten de cara hacia afuera es de desesperación y remiendos.

Nunca se había visto a un entrenador desmotivado y autoexcluido transmitir ilusión y con ganas de quedarse a final de temporada. La imagen de Xavi es patética, lo que se le está trasmitiendo a los jugadores también es patético y el discurso de cara a la masa social fatídico.

Esa es la realidad que lleva a la «liga adulterada», al complot de los árbitros de la Champions para perjudicar al Barcelona, o a aquello de que el césped está muy alto y hace mucho sol. También a las expulsiones de Xavi día sí y otro también.

Los culés añoran -y claman- por el Barcelona de Guardiola y de Messi. Que no se engañen que el de hoy es el Barcelona de Xavi y su tremenda ilusión, del Barcelona sin un duro y de las soluciones con remiendos.