¿EL SEXO DÉBIL?

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Por Esteban Fernández Roig
Miami.- De niño escuché a un anciano flaco y huesudo decir: “Las mujeres mandan”. Se trataba del entonces presidente de la República Ramón Grau San Martín.
Me burlé de Grau porque estaba seguro de que las mujeres representaban “el sexo débil”, pero comprendí mi grave error cuando me dijeron que la que mandaba en Palacio (y quizás en Cuba) era su cuñada Paulina Alsina. Hasta un gigantesco bidet tenía en La Habana.
El hombre más monstruoso, asesino, despótico, que ha dado Cuba fue sin lugar a dudas Fidel Castro, sin embargo ¿quién en realidad mandaba en Punto Cero? Nada más y nada menos que Dalia Soto del Valle. Y en la Sierra le tenía terror a su santera Celia Sánchez.
El tremendo criminal Pablo Escobar Gaviria se defecaba en los pantalones cuando metía cuatro fleteras en su “Hacienda Nápoles” y se aparecía de sorpresa su esposa Victoria Henao Vallejo. Vaya, La Tata era la que “cortaba el bacalao” en el hogar del capo de capos.
Y lo cierto es que yo le hubiera tenido más miedo a Griselda Blanco que a Pablito.
¿El sexo débil? Por favor, si los hombres fuéramos los encargados de parir el mundo se hubiera acabado hace muchísimo rato.
¿Ustedes nunca han visto a una mujer (y así son todas) con fiebre altísima, con pulmonía, y tos constante, levantarse de la cama, hacer los quehaceres de la casa, prepárarles el desayuno a sus hijos y llevarlos en pijama al colegio?
Nosotros, al tercer estornudo comenzamos a quejarnos y a extrañar “la sopita de pollo que nos hacía mima”.
Les he dicho lo estúpidamente decepcionado que estuve de tener hijas, sin embargo, mis niñas son más guapas que mil varones.
Estaba yo con mi hija Sandra un domingo en “Shakey’s Pizza” en tremenda cola del bufé.
Delante de nosotros se colaron como cinco “cholos” con las cabezas rapadas, tatuajes, de obvia peligrosidad absoluta.
Se adueñaron de todo el pollo, se lo llevaron para su mesa, había que esperar a que volvieran a cocinar más pollo.
Para allá se fue Sandy, les metió tremenda descarga, les quitó todo el pollo, lo trajo a nuestra mesa, no sin antes mandarlos -en mexicano- “a la chingada”…