ASÍ ERA LA ESTATUA MÁS GRANDE DE LA ANTIGUA ROMA, QUE DIO NOMBRE AL COLISEO

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Tomado de MUY Interesante

El Coloso de Nerón fue una escultura de bronce con más de 30 metros de altura.

Madrid.- Bajo un cielo teñido por el resplandor de un sol poniente, se alzaba en el horizonte de Roma una figura que dominaba tanto la ciudad como la imaginación de sus habitantes. El Coloso de Nerón fue una imponente estatua de bronce que se erigía majestuosamente, proyectando la omnipresencia del emperador como un dios sol entre los mortales. Esta estatua era un testimonio del ego de Nerón y se convertiría en el eterno vigía de la urbe, influyendo en el nombre y la leyenda https://www.muyinteresante.com/ciencia/62010.html de uno de los monumentos más icónicos de la historia.

Escultores dando forma a un coloso

Escultores dando forma a un coloso. Lawrence Alma-Tadema / Wikimedia

El emperador y sus locuras

Nerón, cuyo reinado estuvo marcado por la extravagancia y la controversia, gobernó Roma desde el 54 hasta el 68 d.C. Su gobierno alcanzó un punto crítico en el 64 d.C., cuando un gran incendio devastó gran parte de Roma. En lugar de concentrarse en la reconstrucción equitativa de la ciudad, Nerón aprovechó la tragedia para erigir la Domus Aurea, un palacio de dimensiones colosales y ornamentos deslumbrantes, cubierto en oro y piedras preciosas. Fue en este contexto de reedificación donde surgió la idea del Coloso. Pretendiendo no solo reconstruir, sino también reimaginar Roma, Nerón mandó construir esta gigantesca estatua de sí mismo como el dios Sol, simbolizando tanto la renovación como su poder absoluto sobre el renovado corazón de la ciudad. La estatua decoraba su opulenta residencia y manifestaba su deseo de eternidad y divinidad ante los ojos de sus súbditos.

El Coloso de Nerón, una obra maestra de ingeniería y arte, se erguía imponente con sus 31 metros de altura (algunos estiman su tamaño hasta en 37 metros), forjado en el resplandeciente bronce que capturaba los últimos rayos del sol cada día. Su construcción fue una hazaña de la logística antigua, se cuente que se necesitó la fuerza de 24 elefantes para trasladar las enormes piezas que compondrían su estructura. Originalmente, la estatua representaba a Nerón desnudo, proclamado como Sol-Helios, la personificación del sol y la luz. Sin embargo, tras su muerte, la política y la percepción pública impulsaron cambios significativos: sus sucesores modificaron el Coloso, eliminando las características personales de Nerón y añadiendo una corona radiante, transformándolo así en una representación más general del dios Sol. Este ajuste simbolizaba la continuidad del imperio y el distanciamiento de la controvertida figura de Nerón, reafirmando la dominación y el poder divino del emperador reinante sobre Roma.

Moneda Nerón

Moneda con la representación de Nerón y su coloso en el reverso. Wikimedia.

Del Coloso al Coliseo

Inicialmente conocido como el Anfiteatro Flavio, el Coliseo adquirió su nombre popular debido a su proximidad al gigantesco Coloso de Nerón. La estatua no solo dominaba el paisaje físico sino también el cultural, vinculando su imagen con el espacio público que se convertiría en el centro de la vida social y de entretenimiento de Roma. Esta asociación entre el Coliseo y el Coloso reforzó la importancia de ambos como símbolos de la grandeza y el poder de la Roma imperial.

A lo largo de los siglos, la percepción del Coloso evolucionó, convirtiéndose en un barómetro del destino de Roma misma. Beda el Venerable, en uno de sus poemas, expresó esta idea con claridad: «Mientras el Coloso resista, Roma resistirá; cuando el Coloso caiga, Roma caerá; cuando Roma caiga, el mundo también lo hará». Esta cita refleja la creencia de que la supervivencia de la estatua estaba intrínsecamente ligada al futuro y la estabilidad del imperio, un testimonio de cómo los romanos veían en el Coloso un reflejo de su propia fortuna y destino.

Reconstrucción de cómo pudo haber sido el Coloso de Nerón

Reconstrucción de cómo pudo haber sido el Coloso de Nerón. Fabrizio Falconi.

El Coloso de Nerón, aunque ya no se alza sobre Roma, deja un legado perdurable que narra la magnitud y la transformación del poder imperial. Su historia es un espejo de la evolución cultural y política de Roma, enseñándonos cómo el arte y la autoridad están profundamente entrelazadas en la construcción de la identidad de una civilización. Como un fantasma cuya presencia aún se siente, el Coloso perdura en la memoria colectiva, evocando la grandeza y las sombras de un imperio que, en su apogeo, proyectó su imagen no solo sobre sus ciudadanos, sino sobre el tiempo mismo.

Base Coloso Neron

Esta placa recuerda el lugar que ocupó el coloso en la Antigüedad. Fabrizio Falconi.