LA COMIDA DE LA INFANCIA

0
35
Por Ileana Medina ()
Tenerife.- Mira que tengo poco arraigo. Mira que salí joven. Mira que el país de nuestra infancia era difícil, con pocas posibilidades de conocerlo y disfrutarlo. Mira que nunca fui lo que se dice una cubana típica.
Mira que amo el lugar donde vivo ahora, donde nacieron mis hijos. Mira que me integré al punto de trabajar en la administración pública, algo poco accesible a extranjeros.
Aún así, siempre termino en el quimbombó, el tamal, la panetela de capuchino.
La patria y la madre son la misma cosa. Están en nosotros aunque no nos quieran, aunque estemos en conflicto, aunque querramos olvidarla. Y de la naturaleza de esa relación, aunque sea inconsciente, surgen nuestras alegrías y nuestros problemas. Ambas se simbolizan en la comida de la infancia.