EL PRECIO DEL CAFÉ NO ENTIENDE DE EMPATÍAS

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Por Irán Capote
Pinar del Río.- Ya todos aquí saben lo que me gusta ir a tomar café. Y no solo por lo estimulante del buchito prieto. La cosa en sí de ir a “echarse un café” está en compartirlo con alguien, hablar un poco, oxigenar la cosa gorda y cotidiana.
Hasta hace unos años, el rito de salir a echarse un café a un bar o a sitios especializados en el producto no existía en nuestras generaciones.
Con el auge de los negocios por cuenta propia vino también esa costumbre. Realmente el café siempre ha sido lo más barato en las ofertas. Vamos, que sin tanto sacrificio, un grupito de socios podía echarse ese café en una esquina. Cuando uno no podía, el otro invitaba o contaban pesito a pesito de la cartera y salía a flote hasta el billetico doblado para la buena suerte… en fin, que gracias a esas saliditas uno podía digerir mejor este panorama.
Pero… la cosa va cambiando. Y para mal. Los precios de los negocios aumentan de manera inescrupulosa. Y el café no se queda atrás. Empezamos por 50 pesos cubanos. Y ahora la media está sobre los 150 (y subiendo). Estamos hablando de una taza de café común y corriente. Estamos hablando de” un expreso”. Sin lechita, sin canela, sin polvo de hadas, sin cuernos de unicornio… Estamos hablando de una taza de café que debe ser fuerte y de buena calidad. Vamos, que no lleva la súper inversión de insumos…. Es café, simplemente.
Pero lo más alarmante del asunto no es solo el precio que sigue ascendiendo en esos sitios de los que, dolorosamente nos vamos alejando.
Lo alarmante está en la calidad que disminuye. En algunos sitios te lo dan recalentado y con un polvo que no es La Llave, ni Bustelo ni otro semejante. Ha llegado la oleada del café español barato en el mercado internacional y que sabe a cualquier cosa menos a buen café. Al menos para el gusto de los cubanos…
Y ahí vienen las preguntas…
Si la mayoría de los que asisten a esos sitios a echarse el café, a pasar el rato con los socios, a oxigenar la violenta realidad de un país que se desarma, son los jóvenes; y entiéndase por joven cubano: gente sin un poder adquisitivo digno, ¿por qué se suben los precios y baja la calidad de un producto que no requiere de grandes ni costosas inversiones?
Si ya vas a venderlo caro, asere, cubano, ¿no puedes venderlo con la calidad que le corresponde? Digamos recién colado, con buen sabor y presencia
No sé yo, es mi criterio. Y el criterio de un cafetero que ha disminuido, por mucho, el ritual de echarse un café…
Pero creo que nos estamos dañando unos a otros. De cubano a cubano. Sin pensar en reordenamientos ni bloqueos como excusa. Creo que en estos mínimos ejemplos media la postura de matar al otro.
Un poco de empatía quizás no sea mucho pedir.