LA HABANA NO PUEDE SER UNA CARGA PARA EL RESTO DEL PAÍS

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Por Ulises Aquino Guerra ()
La Habana.- Esas fueron las primeras palabras del nuevo primer secretario del PCC en la Capital.
Orgulloso de ser habanero no puedo hacer silencio ante tan absurda y descabellada afirmación.
Ante todo, La Habana concentra a más de dos millones de ciudadanos y las más importantes instituciones del país. Además de todo ello, también sostiene una delegación provincial de cada una de las provincias de Cuba.
En La Habana residen todas las misiones diplomáticas extranjeras, y da albergue a todos los cubanos y cubanas que de una manera u otra se sirven de sus servicios de todo tipo.
La verdadera carga que soportamos los habaneros es que sean escogidos sus primeros secretarios del partido en otras provincias (incluidos los Gobernadores).
En los últimos 35 años, ni un solo habanero ha ostentado ese título de primer secretario del PCC, y sin dudas La Habana se encuentra en un proceso de destrucción terrible.
Es como si la mentalidad provinciana se apoderara de nuestra ciudad, donde parece que no ha nacido un cuadro político con las condiciones y la voluntad suficientes para destruirla como hasta ahora.
Este señor se expresa, como si las provincias regalaran todos los productos que les compra la ciudad, que lógicamente es, el mercado más grande de la nación.
No es lo mismo dejar sin electricidad a Ciego de Ávila que a La Habana, porque Ciego de Ávila cabe 25 veces dentro de La Habana, ni las afectaciones institucionales que estos apagones provocan a toda la nación porque La Habana es el centro de la vida política, económica y cultural del país.
No son privilegios, es geografía política, y alguien debiera explicarle a este compañero, que tendrá primero que aprenderse esta gran ciudad, para después ver qué podrá hacer por ella.
Sus antecesores nos han dejado muy mal sabor de boca y una ciudad en ruinas.
Lo más curioso, es que los habaneros hemos tenido que soportar también que a todos estos cuadros importados de las provincias, les entreguen casas, apartamentos, carros, y otras prebendas, y una vez sustituidos, ninguno regresa a su provincia: se quedan en la Habana que tanto critican, quizás para hacer más pesada la carga de nuestra provincia.
Lo peor es que le permitan esa expresión los que están al frente de la nación, lógicamente, ninguno es HABANERO.