SE ECHARON A TORRES IRÍBAR, AQUEL QUE IBA A SALTAR EL BLOQUEO

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Por Jorge Sotero ()

La Habana.- José Antonio Torres Iríbar terminó como secretario del partido comunista en La Habana. Se lo quitaron del medio antes de cumplir aquellos dos mandatos de cinco años que estableció Raúl Castro para los dirigentes antes de ser promovidos. Eso quiere decir que le dieron una patada en el trasero, porque no sirvió para lo que ellos lo necesitaban.

Dice la nota que anuncia su democión que estuvo más de cinco años al frente del partido en la capital y que le serán encomendadas otras responsabilidades, algo así como lo que dijeron de Alejandro Gil unos días antes de que el Hombre de la Limonada dijera que estaba siendo investigado por corrupción.

Lo cierto es que Torres Iríbar hizo bastante poco por La Habana en esos años en los que mandó a medias en la ciudad y pueblecitos adyacentes, porque, como todos sabemos, no se tiene el mismo poder en la principal urbe del país que en otras provincias, donde el gobierno central no ejerce el mismo control.

Pero se hizo de una mansión, aumentó su colección de muchachitas como amantes, periodistas algunas, en ese afán que desarrolló en Holguín por la sangre joven, sobre todo del sexo femenino. Algunas de esas amantes terminaron con casas en la capital, a donde llegaron de otros lugares de la isla, «encantadas» por las promesas del otrora dirigente, aunque también hubo alguna que resolvió vivienda en la gran urbe, aunque ya vivía en ella.

Eso sí, no resolvió nada de lo que le dijeron que eran sus prioridades, como, por ejemplo, evitar los derrumbes, los huecos en las calles, el abasto de agua, la recogida de basura, la debacle total en las escuelas, el colapso del sistema de salud, entre algunas otras cosas.

En defensa de Torres Iríbar, quien me parece un tonto más -sino fuera por lo que tiene en la mochila de corrupto y descarado- desde que vi aquel vídeo, en el que, bajo los efectos del alcohol, abiertamente, dijo que el bloqueo solo había que saltarlo y nada más.

Y por él ponen a uno que estuvo en Matanzas antes de la recién defenestrada Sucely Morfa, la famosa psicóloga millonaria, y luego en Ciego de Ávila, hasta dar el gran salto a la capital del país, último en su carrera como dirigente, porque nadie que haya estado en La Habana ha seguido adelante en las últimas tres décadas, salvo Esteban Lazo, cuyo color de piel y su fidelidad extrema a Fidel Castro, lo llevaron a la Asamblea Nacional.

Elegido Liván Izquierdo Alonso como Primer Secretario del Comité Provincial  del Partido en La Habana – Radio RebeldeLiván Izquierdo Alonso no va a resolver nada en La Habana. La capital seguirá sin agua, con las vías convertidas en barrizales, aunque sea en el más céntrico de los municipios, los hospitales estarán cada vez peores, las escuelas ídem, tampoco crecerá la militancia del partido y la juventud comunista, porque nadie quiere pertenecer a esas instituciones a estas alturas. Más bien es todo lo contrario: la gente quiere venderle a todo eso, porque poco a poco se da cuenta de que los han engañado desde tiempos inmemoriales.

Eso sí, la alta dirigencia mueve sus piezas, porque cuando eso ocurre, la atención se desvía, aunque sea por horas. De pronto, algunos comienzan a hablar del cambio, otros se ilusionan, aunque al final es «un poco más de lo mismo», como dijo Yusuam Palacios del bestial discurso de Barack Obama durante su visita a La Habana.

Mover piezas es parte del negocio, para dar una imagen de renovación, que solo ocurre hacia abajo, entre aquellos que no deciden nada, porque a los de arriba, salvo resbalones como el de Gil, nadie los mueve.

Lazo tiene 80 años y sigue ahí, hablando la misma cáscara de siempre, con apariciones públicas lamentables. Lo mismo pasa con Salvador Valdés Mesa, el vicepresidente incoloro, que ni pinta ni da color, ni resuelve nada, ni cumple con su función prioritaria, la de garantizar la producción de alimentos. Pero ambos son negros y hombres de confianza de Raúl Castro, que no de Díaz-Canel, quien tampoco resuelve nada, y sigue.

Como sigue también el secretario de Organización del Comité Central, Roberto Morales Ojeda, el médico graduado con 3.11 puntos de promedio y que ha hecho carrera como dirigente partidista y ministro, además de resolver casa para toda su familia, ya sea en Cienfuegos o en La Habana.

Allá arriba nadie quita, a no ser que Raúl Castro, influenciado por hijos o nietos, se despierte un día de mal humor y decida dar un golpe sobre la mesa, para demostrar que sigue teniendo todo el poder.

Este que pusieron, el tal Liván, es licenciado en Cultura Física. Y no sé si se han dado cuenta, pero entre profesores y maestros andan la mayoría de los dirigentes cubanos, en una corriente que llama la atención, sobre todo porque los de Educación dejan las aulas y se convierten en dirigentes ante el caos total en el sector.