GONE WITH THE WIND

0
40

Por Esteban Fernández Roig Jr. ()

Miami.- Salía rumbo a Rancho Boyeros, tres pasajeros nos montamos en el asiento trasero: Mi madre, mi tía Angélica Gómez y yo en el medio.

Bajo el marco de la puerta de la casa de la Ave. Juan Rodríguez 7305 en el Residencial Mayabeque, en la distancia podía divisar las siluetas de mi padre y mi hermano Carlos Enrique diciéndome adiós.

Al timón iba “Cumbancha”, el fiel chofer de mi tío Enrique Fernández Roig.

Yo no lloraba, mi padre me había inculcado -a raja tablas- que “los machos no lloran”… Pero, durante todo el viaje llevaba los ojos humedecidos.

En la travesía observé algo que los compatriotas que salen de Cuba hoy en día no pudieran ver: En una verde campiña vi 20 vacas pastando.

Pasamos por San José de las Lajas, pueblo donde viví y me encantaba, me lució diferente, no vi la vidriera de Elpidio, ni la farmacia de “Nené”, y el colegio Laico de Dionisio Oramas me lució que estaba cerrado.

Admiré a la cervecería Hatuey, en el Cotorro, me emocionó ver la enorme bandera cubana que cubría toda su fachada. Ya confiscada por la recién estrenada tiranía.

Iba tan insimismado en mis pensamientos que por primera vez en mi vida pasé por alto Jamaica sin pedir bajar a comerme un panqué. Quizás ya estaba intervenida.

Emisora Habana Radio » Panqué de Jamaica en San José de las LajasLo que quería era acabar de llegar, estaba super preocupado de que los esbirros intentaran obstaculizar, dañar y posponer mi salida.

Le pasamos por el lado a un guajiro con una guataca en sus manos, lo saludé, no me hizo caso, dije: “Debe ser fidelista”. Nadie me rió la gracias como yo esperaba.

Llegamos al aeropuerto, nos bajamos, parecía que su mi tía “Madrinita” tenía agarrada a mi madre para evitar que se cayera al suelo desmayada.

Me presenté delante del escritorio de un miliciano altanero y zoquete.

Vintage Cuba - Vintage Cuba/ FOTO DEL RECUERDO. SANTIAGO DE CUBA, 1953.  TRABAJADORES CERVECERIA HATUEY. | FacebookMe preguntó mi nombre y cuantos días estaría en “el norte”.
Le dije: “49 días”. Se sonrió burlonamente.

Me dijo: “Entrégame esa manilla de plata que traes en la muñeca”; le di la respuesta más estupida que he dado en mi vida: “No, me la regaló por mi cumpleaños un amigo de mi padre llamado Ramito Ramos”…

Me respondió sarcásticamente: “No te preocupes, yo mismo te la devuelvo cuándo regreses en 49 días”…

Por primera vez en mi vida miré a una persona con un profundo desprecio y pensé: “¡Yo lo que me defeco (en realidad cavilé otra palabra más fuerte) en tú madre H. P”…

En estos momentos sus nietos deben estar haciendo los mandados en Sedanos, y esos sí regresan cada 49 días.