NIÑOS Y JÓVENES CUBANOS: ¿ADOCTRINAR O EDUCAR?

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Por Yoandy Izquierdo Toledo ()
Pinar del Río.- Hoy, 4 de abril, Cuba conmemora el aniversario 62 de la creación de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y el 63 de la Organización de Pioneros José Martí (OPJM). Ambas organizaciones de masas agrupan a los niños, adolescentes y jóvenes alrededor de una ideología que, 65 años después de que los rebeldes entraran en La Habana, no ha dado más frutos que la ausencia de diversidad, la limitación del pensamiento verdaderamente crítico y, por tanto, la falta de pluralidad de ideas, opciones y caminos.
Si seguimos su propio lenguaje, aunque cueste sostener la semántica cargada de connotaciones militares, todas ellas políticas, tenemos que de acuerdo con sus lemas y figuras paradigmáticas se reduce la inclusión a un solo color. ¿Qué sabe un niño en edad primaria lo que dice cuando le invocan como “moncadista”? ¿Qué significa “estar siempre listo” para alguien en edad escolar temprana? Asociar el deber más grande de esas edades escolares que es el de estudiar, con la “defensa de la Patria” o en estrecha conexión con un pasado de luchas armadas, enfrentamientos, sangre y muerte, es reducir el espacio educativo a un espacio que pretende ser político desde lo germinal. Un niño debe crecer fuerte en los valores y las virtudes bajo un modelo en que la violencia, la lucha armada, las torturas y el fin de la vida sean asuntos reservados para la adultez, o sean historia pasada hacia donde no se debe regresar. El camino del progreso es el camino de la paz, la fraternidad y el amor.
Frente al adoctrinamiento temprano que les es inculcado desde la enseñanza escolar, dados los programas educativos fuertemente apegados al proceso político, la familia debería jugar un rol principal, nunca complementario, en el proceso de enseñanza-aprendizaje. La escuela debe cumplir su función de instruir y educar; pero si alguno de estos roles es deficitario, o se encarrila por unas vías que los padres pueden determinar que no son saludables en el proceso formativo, es total responsabilidad parental decidir hacia dónde conducir la educación de nuestros pequeños. Por mucho que esto resulte difícil en Cuba hoy, y por muchos contratiempos que ello genere, la responsabilidad es inmensa si se trata de ahuyentar la doble moral, los malos hábitos, la mentira y el adoctrinamiento en edades tan complejas como las edades escolares. Los padres y abuelos no deben abandonar esta labor educativa indispensable. Eso es procurar un futuro mejor a sus hijos y no solo carrera universitaria, cosas materiales o salida del país.
Los sistemas como el nuestro hacen énfasis en la carga semántica y en los significados de términos reconducidos al terreno que se quiere para defender una ideología única. Cuando los niños tienen que pronunciar en su lema de la organización pioneril a la que pertenecen sencillamente por estar en una escuela que no pudieron escoger sus padres, sino porque es la única que existe dentro de un sistema de enseñanza público-estatal, términos como: “Pioneros por el “comunismo”, ¿saben de qué se trata o es mera palabra aprendida y hueca? ¿Alguien ha explicado por qué deben “ser como el Che”? En primer lugar, lo de comunismo debería ser reformado si hasta los propios dirigentes, hace décadas, han reconocido que este sistema no funciona ni para nosotros mismos. Además, los propios regímenes que instauraron este sistema político basado en la lucha de clases y en la supresión de la propiedad privada de los medios de producción, han provocado más división y más polarización de la riqueza que lo que pretendían erradicar. Por su parte, la propiedad privada ha demostrado ser un impulso para el desarrollo humano y han tenido que mover sus modelos económicos hacia la coexistencia de lo público y lo privado en modelos mixtos, allí donde no permanecen los férreos monopolios en la salud, las comunicaciones, la electricidad o los medios de comunicación, por poner algunos ejemplos.
¿Qué sabe un niño del comunismo si solo experimenta que ese sistema que repite en su lema diario, después de un símbolo patrio como el Himno de Bayamo, es el causante de que no tenga leche después de los siete años, de los apagones que no le dejan ver la televisión, de la falta de opciones recreativas y culturales, de la emigración que le puede separar de sus seres queridos, de la diferencia de clases tangible que la puede ver desde los zapatos o accesorios del uniforme hasta la merienda escolar? ¿Qué sabe un niño del Che, a esa edad? Y ¡si supiera…! ¿Por qué no evocar un aforismo de Martí como lema, si es el héroe nacional y apóstol de la independencia, tanto que escribió por y para los niños de América? ¿Por qué no hablar de los padres fundadores como Varela y Luz, o de los intelectuales y mambises como Céspedes, Agramonte o Maceo? Es más conveniente echar mano de una figura extranjera que se acomoda más al discurso político, que refuerza el trabajo político-ideológico y deja a un lado la formación en valores, la historia Patria, la reflexión y el debate libre y adecuado a la edad de los niños y a cada etapa del proceso formativo.
Un nuevo proyecto educativo para Cuba debe incluir la restructuración de los planes de clases, descontaminando de ideologías extrañas y de todo color político. Es la única forma de respetar la libertad personal y que cada cual reaccione, se encamine y se proyecte de acuerdo a lo que piensa, sin ataduras ni imposiciones. Debe respetarse el papel de la familia y, sobre todo, hacerle elemento activo en la triada escuela-familia-sociedad. De lo contrario no estamos preparando a hombres y mujeres para el bien de la Patria, sino para la continuidad de un sistema impuesto donde el discurso va por un lado, sin raíces históricas cubanas que le sostengan, trastocando las ideas de los más pequeños que son dúctiles y maleables como el metal más preciado.
De otro lado tenemos a la UJC, que a decir de algunos dirigentes es el pensamiento y el brazo de la Nación, porque es la organización juvenil, la cantera, del Partido Comunista de Cuba. La denominada “vanguardia de la juventud cubana” también dice ser símbolo de continuidad e intransigencia.
Precisamente lo que caracteriza a la juventud es el espíritu libre, la propuesta creativa y la renovación, manteniendo la memoria histórica pero cambiando, de verdad, todo lo que debe ser cambiado. La intransigencia debe ser mantenida, únicamente, a la hora de velar por el respeto a la dignidad plena del hombre, la cual se puede ver dañada cuando el hombre se convierte en masa, la ideología en bandera y al pensamiento crítico se le tilda de disidencia y oposición.
¿Tienen los jóvenes que hoy están en Congreso una propuesta atractiva para esos otros jóvenes no comunistas? ¿Cómo, desde sus comités de base, pueden explicar el éxodo, en su mayoría de jóvenes, que desangra al país y le deja sin fuerza laboral? ¿Será que la alternativa que presentan o la “revolución” que defienden no es capaz de movilizar y convencer hasta el punto de emigrar también miembros de la cantera comunista? Allí dentro de las filas ¿se está por convicción o por conveniencia?
La verdad es que, con tantos males que aquejan a nuestra nación a día de hoy, gastar los recursos, incluso humanos, en propagandas trasnochadas, discursos trillados y el trazado de planes decadentes que nunca se cumplen, es una manera de paralizar el talento y la energía que pudiera aportar la juventud a la reconstrucción nacional. Es una realidad que algunos de los mismos jóvenes de la organización esperan un parol humanitario, una misión o colaboración internacional, en fin, una vía para salir del país, entretanto nadan en las dos aguas. Las de la simulación temporal o aparente y las de la fuga hacia tierras mejores donde olvidan su pasado o incluso reniegan de él, como si nunca hubiese existido. A los jóvenes que militan en esas organizaciones también les gustan las marcas extranjeras, los teléfonos de alta gama, la música del exterior y las bondades del capitalismo. Entonces, una vez más, no solo la juventud, sino la sociedad toda, demanda coherencia.
Cuando leemos que la sociedad civil cubana está compuesta por más de 2200 organizaciones, entre las que destacan las organizaciones sociales y de masas y las organizaciones o asociaciones científicas o técnicas, culturales y artísticas, deportivas, de amistad y solidaridad y cualesquiera otras que funcionan en virtud de la Ley de Asociaciones (Ley 54), nos preguntamos dónde quedan el resto de las organizaciones, grupos de trabajo, comunidades que sí son independientes del Estado pero que este no les contempla.
Cuando la Constitución de 2019 reconoce en su artículo 7 a las organizaciones de masas y sociales por su amplia membresía, representatividad y capacidad de movilización, de consulta, opinión, y decisión, en el ejercicio de la democracia participativa, ¿dónde deja el historial de grupos independientes con pensamiento crítico al gobierno? ¿Por qué hay que ponerle apellido de “independiente” a la sociedad civil en Cuba? Es uno de los tantos eufemismos que nos hemos tenido que aprender bajo un sistema totalitario que por aquello de apropiarse, también lo ha hecho con el lenguaje para reescribir la historia.
La fecha del 4 de abril, por mucho que se celebre hoy en las escuelas, será irrelevante el día que los niños dejen de ser pioneros y se conviertan en verdaderos educandos libres, en la escuela que sus padres hayan podido elegir para su mejor preparación. Los jóvenes, por su parte, serían un tanto más autónomos, si pudieran escoger la organización a la que afiliarse dentro de un diapasón de alternativas, no repitiendo una consigna descontextualizada, carente de arraigo, de seguidores y, sobre todo, de verdad. Repetir algo en lo que no se cree, sino por embullo, coacción o beneficio, es un gran pecado para el bien de la Patria que es, a fin de cuentas, el bien de todos.