¿LA INTELIGENCIA ESTÁ VINCULADA AL TAMAÑO DEL CEREBRO?

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Tomado de MUY Interesante

Explorando la relación entre el tamaño del cerebro y la inteligencia: un viaje desde mitos antiguos hasta descubrimientos científicos modernos.

Madrid.- Desde que se tiene la noción de que el cerebro es el órgano responsable de procesar la información y establecer lo que conocemos como ‘pensamiento’, existe la creencia de que un encéfalo más voluminoso está directamente asociado con una inteligencia superior. Una premisa que, históricamente, ha servido de justificación para el machismo, el racismo y todo tipo de ideologías nocivas. Gracias al avance de la neurociencia, especialmente en las últimas décadas, van quedando atrás ideas pseudocientíficas, como la frenología. A pesar de todo, la asociación entre la inteligencia y el tamaño del cerebro sigue siendo una creencia relativamente extendida.

La inteligencia

La inteligencia, tan dificil de definir como de medir — Gerd Altmann / Pixabay

¿Qué es la inteligencia?

Para profundizar en el tema, primero es importante tener claros algunos conceptos. En primer lugar: ¿qué es exactamente la inteligencia? Probablemente, cada experto aporte su propia definición, y con toda seguridad, la definirán de forma distinta un psicólogo, un neurobiólogo, un etólogo o un filósofo.

Sin embargo, es posible que todos coincidan en algunos aspectos. Por ejemplo, todos estarán de acuerdo en que la inteligencia, entre otras cosas, está relacionada con la capacidad de resolver problemas, de hacerse preguntas, de actuar de forma creativa o de disponer de un comportamiento adaptativo.

La inteligencia es una propiedad emergente de la actividad biológica, y como cualquier otra propiedad emergente, no puede reducirse a la simple suma de las partes que le dan lugar, que en este caso son, en esencia —aunque no exclusiva— el cerebro y sus componentes.

Si ya el mismo concepto de ‘inteligencia’ es difícil de definir, tanto o más complicado es de medir. Uno de los métodos más aceptados por la comunidad científica, y probablemente el más empleado, es el conocido como cociente —que no coeficiente— intelectual (CI), pese a las críticas, en ocasiones, muy bien fundamentadas.

Pero si aceptamos por válido el CI como medición, o al menos, aproximación del nivel de inteligencia de una persona, entonces comprobar si el tamaño del cerebro está o no asociado con la inteligencia parece fácil.

Craneometría

Antiguamente se creía que el tamaño y la forma del cráneo era predictor de la inteligencia, aunque hoy sabemos que carece de base científica sólida — Paul Topinard / Wikimedia http://wellcomeimages.org Paul Topinard, Craniology. Elements d’anthropologie generale Topinard, Paul Published: 1885 Copyrighted work available under Creative Commons Attribution only licence CC BY 4.0 http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

De la craneometría a las neurociencias

La relación entre el tamaño y la forma del cerebro —estudiado por aproximación a partir del tamaño y forma del cráneo— con la inteligencia nace de las ideas racialistas de Petrus Camper, médico holandés del siglo XVIII. Para él, el rasgo más importante era el ángulo facial, que se obtiene al observar de perfil la línea horizontal entre la fosa nasal y el conducto auditivo, y la vertical entre la frente y la mandíbula superior.

A esa propuesta se sumó la del médico y racialista estadounidense Samuel Morton, del siglo XIX, que incorporó a la ecuación la medida del volumen de la cavidad craneal —y por tanto, del cerebro—. Según sus mediciones, los caucásicos tenían el cerebro más grande, los nativos americanos de un valor intermedio, y la población africana más reducido, y en cualquier caso, los hombres tenían el cerebro más grande que las mujeres. Y como conclusión, hoy más que refutada, afirmaba que los que tenían el cerebro más grande tenían una inteligencia superior.

Tal parece que las mediciones de Morton eran más o menos correctas, no así sus conclusiones. El problema de todas estas premisas es que partían de un sesgo racista y misógino inicial que, luego, se trataba de justificar a base de mediciones. Una forma de perpetuar ad hoc un sesgo de forma falaz. Independientemente de cuál sea la inteligencia que se le asigna arbitrariamente a un grupo de personas —basado en prejuicios— y de cuál sea su volumen craneal, asociar ambos valores por coincidencia es una metodología contraria a la ciencia.

Actualmente, gracias a las técnicas novedosas de neuroimagen, podemos comprobar cuál es exactamente el volumen del cerebro de una persona sin esperar a que fallezca. Y cuando se analiza el encéfalo de distintas personas a las que se les ha realizado un test de inteligencia, se observa que la asociación entre el tamaño del cerebro y el CI no presentan una correlación significativa.

Cerebro de Helen Hamilton Gardener

Cerebro de Helen Hamilton Gardener, conservado en la Colección de Cerebros Wilder de la Universidad de Cornell — Kenneth C. Zirkel / Wikimedia

Los múltiples factores que componen la inteligencia

La inteligencia humana es una facultad de extraordinaria complejidad, que no depende de un solo factor, sino de muchos. El tamaño del cerebro muestra, en algunos estudios, cierto carácter predictor de la inteligencia, pero es un resultado poco sólido, y en ningún caso, se ha encontrado una relación causal entre ambos factores. Es decir, que no es, ni de lejos, el factor relevante que se creía.

Hay que tener en cuenta que el cerebro no solo sirve para pensar, también es el órgano responsable de regular y controlar muchos de los procesos biológicos que suceden en nuestro organismo, y tampoco debemos caer en el error de atribuir al cerebro actividades que dependen de nuestro organismo como un todo, sin tener en cuenta que el cerebro es parte del organismo y que vivimos inmersos en un contexto social e histórico donde el ambiente también tiene una fuerte influencia sobre nosotros —y sobre nuestra inteligencia—.

Así pues, hay muchos factores, aparte del tamaño del cerebro, que actúan como predictores de la inteligencia. Entre ellos, la cantidad de materia gris o la eficiencia neural, combinatoria del número de neuronas corticales, la densidad de su empaquetamiento, la distancia entre ellas, y la velocidad de conducción neuronal. Estos factores son particularmente importantes en las cortezas prefrontales y frontoparietales, y en la configuración del sistema límbico. Todos ellos parecen aportar su parte, pero ninguno de ellos resulta ser definitivo.

Neuronas

Hay muchos factores que tienen más peso en la inteligencia que el simple tamaño del cerebro. — Gerd Aitmann / Pixabay

El índice de encefalización

Si en el ser humano, el tamaño del cerebro no implica mayor o menor inteligencia, cuando hacemos comparaciones entre especies, la cuestión adquiere una nueva dimensión. El índice de encefalización es un valor que mide el tamaño del cerebro, pero no de forma absoluta, sino en relación con el tamaño del organismo, calculado mediante una ecuación no lineal. Al fin y al cabo, un animal grande necesitar un cerebro proporcionado a su talla para cumplir con las mismas funciones biológicas que un animal pequeño.

Por ese motivo, se asume que cuando un animal presenta un cerebro más grande de lo habitual para su talla, es que cuenta con nuevas áreas del cerebro que no se especializan en el mantenimiento de esas funciones, y permite adquirir funciones nuevas.

Comparación del tamaño del cerebro de distintas especies

Comparación del tamaño del cerebro de distintas especies — Wikimedia

Esta afirmación no siempre se cumple. Por ejemplo, un cerebro poco voluminoso pero con una superficie muy rica en plegamientos puede almacenar más cantidad de neuronas en su zona gris, y demostrar mayor eficiencia que un cerebro más grande pero más simple. Es el caso de los delfines, que tienen un índice de encefalización entre 5 y 5,5, más grande que la mayoría de primates, que rondan entre 1,75 y 3; en contraste, la ballena azul apenas tiene un índice de 0,38, mucho menor que el de animales presumiblemente menos inteligentes, como el hipopótamo. El índice de encefalización del ser humano es, de media, un de 6,56, el de la mujer ligeramente superior al del hombre.

Si bien el índice de encefalización no expresa una correlación directa, cuando se toma un conjunto amplio de especies y se compara su inteligencia estimada con su índice de encefalización, la relación es, al menos, aproximada. Este concepto, aunque vago, ayuda a explicar cómo diferentes animales han desarrollado adaptaciones cerebrales únicas que les permite interactuar con su entorno de manera más efectiva, y también realizar aproximaciones e inferencias sobre las capacidades cognitivas de especies fósiles ya extintas.