¿CÓMO SE CONSTRUYE EL FALSO APOYO POPULAR A LAS DICTADURAS?

0
10
Por Joel Fonte
La Habana.- En la teoría del filósofo y político nacido en el siglo XVII, el francés Charles Montesquieu, padre de la teoría de los poderes independientes, se sostienen los tres poderes públicos fundamentales de un Estado de base democrática; a saber, los Poderes ejecutivo, legislativo y el judicial.
La historia contemporánea en particular, desde luego, ha generado la existencia de sistemas dictatoriales que han consolidado su Poder, o a través de regímenes autocráticos que han ido desde la concentración de todo el Poder en un solo hombre, hasta la constitución formal de dichos Poderes pero anulando su eficacia, esto comúnmente por controlarlos a través de los funcionarios que integran y son decisores en esos mecanismos de Poder, vinculados al Partido gobernante.
En cualquier caso, el verdadero control pasa por tomar las riendas de otros dos elementos claves en un aparato estatal: las fuerzas armadas y de seguridad, y los medios masivos de difusión de la información.
Muchos teóricos, sociólogos, politólogos, sostienen la tesis incluso de que este último elemento -el control de la información y su empleo como herramienta de propaganda y manipulación política- es clave en el mantenimiento de las dictaduras modernas, que necesitan vestir un ropaje de legalidad para ser validadas internacionalmente y evitar el aislamiento político, con las consecuencias negativas que ello implica.
Los casos más ejemplarizantes de estos últimos extremos, y de ese común rol de la propaganda como instrumento de control político en la región latinoamericana, por encima incluso de Nicaragua, son Venezuela y Cuba.
En Cuba el Castrismo ha impuesto leyes primitivas, retrógradas, que desde hace décadas legitiman la dictadura de un Partido único y la subordinación a este de todas las instituciones del Estado, que le deben obediencia.
Es una forma de gobierno comunista, manifiestamente autoritaria, injusta, pero que esa propaganda de los Castro ha mostrado como «legal», por cuanto está amparada en tales «leyes», y a la vez ha vendido al mundo la falacia de que los cubanos decidieron esa forma de «gobierno», y la siguen apoyando.
Y en un mundo donde los intereses de una nación pequeña pesan muy poco si el pueblo no se hace escuchar, lo común es que la comunidad internacional permanece en principio apática a nuestra tragedia, da la espalda al drama cubano.
Venezuela, es otra cosa.
En ese país suramericano persisten -aunque controladas significativamente por el Chavismo- instituciones propias de una sociedad democrática occidental. La garra de una dictadura que tiene tutela en La Habana ha extendido por más de dos décadas su control sobre la nación, silenciando las voces disidentes, pero aun no las enmudece totalmente, pues la sociedad civil sigue viva en muchos sentidos.
En ambos regímenes están en el Poder individuos de probada incapacidad intelectual, moral, de rasgos autoritarios y que apelan a la fuerza, a la violencia, a todos los procedimientos antidemocráticos y criminales para no ceder su autoridad y privilegios; son mecanismos corruptos, de incompetencia administrativa probada, que han hundido a ambos países.
En el caso de Venezuela, tras las elecciones primarias de la oposición en octubre pasado, el desprestigio de Maduro ha quedado al desnudo, y hoy la mayoría abrumadora de las encuestas ubican su desaprobación en más del 80 por ciento de la población. Por eso criminaliza a la oposición y evade la legitimidad de las urnas.
En Cuba -donde ese sistema despótico instituido impide cualquier estadística que no sea oficialista, no es posible un dato preciso, pero los cubanos abrumadoramente rechazan la farsa de un aparato de Poder formal podrido que sigue siendo controlado por el apellido Castro.
Díaz-Canel, para los cubanos con «dos dedos de frente», es un instrumento de Raúl Castro, y con él toda su comparsa.
¿Cómo procuran oscurecer toda esa realidad?. Con la utilización metódica de esas herramientas de propaganda, de construcción de mentiras con el empleo de métodos científicos, de medios diversos, y con la inversión de millones de dólares con ese fin…
Muchos millones de dólares para manipular la mente de millones de seres humanos…
Derribemos esas mentiras, y la dictadura caerá.