EL SILENCIO DE LOS BUENOS

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Por Adalixis Almaguer

«¿Qué sería la vida si no tuviéramos el valor de intentar cosas nuevas?»
-Vincent Van Gogh

Miami.- Van Gogh no es mi loco favorito, tampoco el pintor que prefiero. Pero como la vida no va dividiendo todo en blanco y negro me pasa con él lo que me pasa con todos sean artistas o no. Aunque no me guste todo pues me gusta al menos algo. En este caso, Les iris. De ahí la #tshirtoftheday por su cumpleaños.

Y por este precepto es que estoy yo también al borde de cortarme la oreja cuando leo los constantes ataques en las redes de los que se creen muy buenos hacia los otros por no serlo tanto. He vivido 50 años y creo que nunca he estado de acuerdo con nadie en todo. Con mis hijos que vi salir de mi panza estoy en desacuerdo en un montón de cosas aunque coincidamos en puntos esenciales que nos permiten convivir. Imagínese entonces si el tema es Cuba, procreadora de analfabetos funcionales, aislada del mundo por muchos años, con una crisis económica indetenible y un tejido social fracturado en pedacitos.

Yo sé que cuando se cuenten los actos despiadados de los malos se va a contar entre ellos el silencio de los buenos. Pero también se va a contar en ese saco la violencia cívica de los buenos. Seis décadas y en vez de pensar en la libertad le hacemos la tarea a la dictadura.

¿Cuándo acabaremos de entender que el castrocomunismo es el conflicto porque es con lo que estamos en desacuerdo? Y es además en lo que coincidimos que hay que erradicar. En cambio, la violencia es el uso de la fuerza física, verbal, psicológica o de privilegios, de manera intencional, para imponerse y dominar a otros. Y por este razonamiento lógico, cuando se impone el lenguaje de la violencia, lo que se hace es negar el conflicto. Así de fácil.

Que en Cuba todo se ha politizado es cierto. Los panzones del Comité Central hace rato que se encargaron de eso. Hasta las derrotas deportivas se transforman en victorias revolucionarias en sus garras.

Si usted lo va a hacer sobre Cuba o en Cuba, pues entonces respete la opinión de los otros, la oposición de los otros. A muchos admiro pero no en demasía. A otros ni siquiera eso. Pero los he apoyado sin estar de acuerdo totalmente con lo que proponen porque cualquier esfuerzo suma un pasito en el camino de la libertad.

A Cuba le sobra el apellido Comunista en su nombre. Esa verdad es tan grande como un templo. Pero si usted lo quiere a su modo y sólo a su modo, entonces hágalo en su casa.