LOS CAMBIA CASACAS

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Por Esteban Fernández Roig
Miami.-Carlos Prío, presidente; el sobrino Jaime Quintero, alcalde; mi padre, Secretario de la Administración. La casa llena de gente. Durante las Navidades los guajiros nos traían pollos, docenas de huevos, piernas de puercos, guineos y hasta un par de veces nos llegaron lechones asados enteros.
Todos nos brindaban -según pensaba yo- un “cariño sincero” y en diciembre hasta cajas de turrones, avellanas y nueces.
Pero ( siempre hay un pero) el “Autenticismo” dejó de ser poder en Cuba, y lo que fue peor para nosotros: en Güines.
Y de sopetón desapareció de mi hogar la ola de “amigos y simpatizantes”. Todos estaban en la residencia del nuevo Alcalde del PAU: Rafael Morales Febles.
Solo quedaron en pie los familiares muy cercanos y un verdadero amigo de mi padre: el concejal Eugenio Domínguez Guerra.
Y al tener que mudarnos para San José de las Lajas nada más teníamos la visita del inolvidable Panchito Fernández, el padre de Barbarita y Magda Josefa Fernández.
Y eso no fue nada comparado a cuando llegó la peste bubónica castrista y mi casa de convirtió en “tóxica, gusana y contrarrevolucionaria” solo visitada por mis verdaderos amigos Jesús Ysidro Hernández y proveniente del “Central Provincia” Jorgito Retureta.
Nada nuevo, un indito de rodillas le dijo a Colón: “Bienvenido sea distinguido genovés”, Ñico Rutina dijo: “La ceniza senador”, y miles pusieron en sus fachadas letreros de “Esta es tu casa Fidel”.