¿HAY HAMBRE EN CUBA? II

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Por Oscar Durán

La Habana.- No quiero caer en cliché sobre el tema Cuba. Como que ya cansa escribir o leer de lo mismo. Ando saturado de la dictadura, pero hoy la directora de El Vigía propuso un trabajo a cuatro manos sobre el tema del hambre en la isla, y me he embullado a hablar de mi situación. Un profesional, graduado de periodismo, con par de hijos, viviendo del invento, muy alejado de la falsa realidad del agente Evelio, quien a cada rato dice que la CIA me paga 200 dólares por decir mentiras.

Ahora mismo tengo hambre, para empezar. Y probablemente el agente Evelio, también. Es más, si hago un recorrido por el barrio, ni desayuno han tomado las personas del CDR Frank País García. Nadie pensó, a estas alturas, tener una situación tan denigrante. En Cuba hay hambre, señores, más de la que ustedes se imaginan.

Estos esbirros le pueden pedir ayuda al Programa Mundial de Alimentos, a las once mil vírgenes, pero las cosas aquí seguirán de mal en peor. No tienen dinero ni para asegurarle al pueblo dos libras de arroz, entonces te das cuenta de que este culebrón está lejos de acabarse.

Mis hijos, desgraciadamente, son una placa al sol. Están muy delgados. No desayunan desde hace ocho meses. Cada vez que me dicen “tengo hambre”, yo quisiera desaparecer. Con suerte, comen una sola vez al día y, a veces, ni eso. Si triste es tener hambre, más triste es ver a tus hijos pasando por esto y no poder hacer nada. Entiendan que no tengo cómo mantenerlos decentemente. La pelea aquí es dura. Durísima.

“Nosotros tenemos tierras, con bloqueo y todo, para producir comida. Ahora, lo que debemos preguntarnos es por qué no lo hicimos antes”, ha dicho Díaz-Canel delante de unos campesinos santiagueros. Esa escena me indignó, porque tú lo ves con esa barriga inflada hablando tranquilamente y dándote a entender de que todo se solucionará lo más pronto posible. Cara de guante.

El cubano no da más, caballero. Las casas se están cayendo, el rostro de las personas es de lástima, las arrugas en la cara son innumerables. Ni una vitamina podemos tomarnos para, aunque sea, tener algo en el estómago. Si por mí fuera, me largara a la Conchinchina con mis chamas y no volviera más nunca a esta mugre. Pero no, esa fórmula emigrar-exilio es muy complicada. Primero, se necesita un dineral; segundo, ¿hasta cuándo vamos a aceptar los errores de estos miserables con la salida del país?

Desde hace rato nos apagaron como nación y nos hicimos los chivos locos porque, al menos, teníamos por la bodega un poco de arroz, no se iba la corriente y ni Canel, ni Murillo, ni Gil, ni Marrero, existían. Sin embargo, de la noche a la mañana todo se fue a la mierda. Si pensaste que antes estábamos mal, mírate ahora, cubano. 

El hambre avanza y eso nos duele.