NO ES CASUAL: LA MISMA ESTRATEGIA, PERO EN OTRA DICTADURA

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Por Joel Fonte
La Habana.- Hace solo unas horas, la dictadura chavista de Nicolás Maduro retiró la protección diplomática a la residencia de la embajada Argentina en Caracas, como respuesta ilegal y autoritaria a la acogida como refugiados políticos que el gobierno de Javier Milei dió en esa sede a seis estrechos colaboradores del Partido político encabezado por María Corina Machado -Vente Venezuela- que está siendo perseguido criminalmente por el régimen de ese país suramericano.
Es una persecución por razones políticas, un acto desesperado de la fiera de Nicolás Maduro para deslegitimar, criminalizar a una fuerza política que podría echarlo del Poder por las urnas en la próximas elecciones fijadas allí para el 28 de julio próximo.
A quienes lo vivimos con más o menos edad, o a quienes han leído sobre ese oscuro pasaje de nuestra historia como nación bajo el castrismo, el parecido entre este hecho y los sucesos en la embajada del Perú, en la Habana, que luego desembocaron en el éxodo por el puerto del Mariel -el más grande flujo migratorio, de unas 120 mil personas, en la historia del país, hasta la ola actual, que parece indetenible, y que ya suma más de medio millón de cubanos en poco más de dos años- es enorme.
Pero no es casualidad.
Es el mismo régimen instalado en dos geografías distintas, y la misma estrategia y tácticas que se reproducen con una sistematicidad y coherencias retorcidas, macabras, y que tienen un fin último igualmente similar: la conservación del Poder a despecho de normas de derecho internacional, de las leyes propias, y de cualquier valor humano o principio que implique ceder los privilegios que ese grupo de hombres en cada país ha logrado acumular, y que no se dejarán arrebatar voluntariamente.
Ambos -Fidel Castro y Hugo Chávez- llegaron al poder negando que fueran comunistas, o socialistas; refutaban tener planes de expropiar o atacar la propiedad privada, tanto la de los grandes consorcios como la de pequeños empresarios; ambos abogaban por la defensa de la prensa libre, de la libertad de expresión, de asociación, y todas las demás libertades políticas; ambos defendían la idea del multipartidismo como ideal democrático, de la existencia de poderes públicos independientes, coherentes con el fin de evitar la concentración de la autoridad en una sola persona; ambos proclamaban el mantenimiento de los cuerpos armados fuera del espectro político, como garantes del orden constitucional y de la soberanía de cada país; ambos profetizaban la sociedad perfecta, igualitaria, próspera, bajo sus gobiernos, y nos invitaban a conocer el paraíso, demandando solo confianza…
Una confianza que dos pueblos ingenuos les dieron a los dos dictadores, y que tomaron como arma para llevarlos a un régimen de esclavitud y barbarie.
Los cubanos no tenemos derecho a confiar en dictadores, en asesinos, en individuos que han hecho tanto daño a nuestro pueblo; debemos aprender de nuestra historia, y pasar a la acción.