DIA MUNDIAL DEL TEATRO

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Por Ulises Toirac ()
La Habana.- El primer teatro al que entré en mi vida fué el Teatro Martí. Hoy doy gracias por haber sido ese, porque la primera impresión viene de haber visto una construcción «clásica», con todo lo que ello tiene.
No recuerdo la obra (era muy pequeño y sospecho que la intención de los viejos era precisamente meterle la 220 directa al cerebro de sus hijos), pero recuerdo la impresionante visión de balcones, platea, escenario, telón… gente allí iluminada, viviendo su vida delante de todos los que estábamos en las butacas, trayendo la calle y las casas a ese espacio… Las risas, los aplausos, la música.
No voy a decir que definió el resto de mi vida porque igual impresión sufrí al entrar al Estadio Latinoamericano por primera vez (y jamás he jugado pelota), pero fué una experiencia que quise repetir una y otra vez, atraído por la magia que siempre rezuma, por su atractivo sin final. Por esa sensación que deja al concluir la puesta, de «¿ya…? ¿ahora la calle pedestre de nuevo?»
El teatro tiene una magia insuperable, quizás menos radical que la de los libros, que te incendian la imaginación y te obligan a dar corporeidad en la cabeza, pero el teatro, con su carga de emociones, sus gritos, sus susurros, su movimiento, sus símbolos, la belleza e ingenio de los decorados, la mística de la función, la sensación de realidad que todo ello produce, es una experiencia que enaltece y hace volar, que libera. Que enseña más que mostrar y auna más que sumar.
Entro aun al teatro y saco a flor de piel a aquél chama que fui esa primera vez, y le hago reverencia siempre a su inagotable fuente de emociones.