BOSQUES URBANOS, SU NECESIDAD PARA LAS CIUDADES

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Tomado de MUY Interesante

Descubre cómo los bosques urbanos están transformando nuestras ciudades en oasis de bienestar y sostenibilidad.

Madrid.- La mayor parte de la población española habita en las ciudades. Sin embargo, nuestra especie encuentra felicidad, bienestar y descanso en la naturaleza. Para aliviar esa necesidad, cada vez son mejor valorados los parques y jardines urbanos, entre los que destaca el bosque urbano, por mantener una apariencia lo más silvestre posible.

La diferencia entre un bosque urbano y cualquier otro tipo de parque radica, principalmente, en una mayor densidad de árboles, una mayor riqueza de especies y una mayor extensión. En España, el parque de La Marjal en Alicante, el Alamillo en Sevilla, el Campo Grande en Valladolid, la Casa de Campo de Madrid y el Parque de la Rambleta en Valencia, son, al menos en parte de su extensión, ejemplos ilustrativos. A diferencia de los parques urbanos convencionales, más orientados a actividades recreativas con áreas abiertas y menos vegetación, los bosques urbanos se caracterizan por su riqueza en flora y fauna, proporcionando un espacio que imita más de cerca un ambiente forestal natural dentro de un entorno urbano.

Parque de La Marjal, en Alicante

Parque de La Marjal, en Alicante — Falk2 / Wikimedia

Los servicios ecosistémicos del bosque urbano

Los bosques urbanos juegan un papel fundamental en la regulación del clima local mediante la reducción del efecto isla de calor urbano, gracias a la transpiración y la sombra que proporciona la vegetación. Como la extensión y la densidad de árboles es mayor a la de un parque convencional, los bosques urbanos se convierten en auténticos refugios climáticos, áreas por donde pasear es relajante y placentero incluso en días extremadamente calurosos.

Desde el punto de vista de la contaminación, la densa vegetación de los bosques urbanos filtra las partículas contaminantes y retiene el dióxido de nitrógeno, mejorando significativamente la calidad del aire. El follaje actúa como una barrera para la contaminación acústica propia de la ciudad. Basta con adentrarse unos metros en el bosque urbano para que las ramas mecidas por el viento, el trino de las aves y las corrientes de agua se conviertan en el ambiente sonoro dominante y olvidarse del ruido del tráfico.

Casa de Campo, en Madrid

Casa de Campo, en Madrid — Diego Delso / Wikimedia

Los bosques urbanos, gracias a los diversos niveles de cobertura vegetal —herbáceas, arbustos y árboles de distintos tamaños—, contribuyen a la regulación del ciclo del agua. Reducen la escorrentía superficial, favorecen la retención del agua en el suelo. Y también proporcionan un hábitat excelente para distintas especies de aves, reptiles y mamíferos; con ello, contribuyen a la conservación de la biodiversidad y favorecen que las ciudades se conviertan en un refugio apropiado de fauna.

Beneficios sociales y culturales

Cualquiera que pasea por un bosque urbano sabe que no es lo mismo que hacerlo por un jardín cualquiera. Entre sus paseos y caminos se percibe la naturaleza de un modo que un parque convencional, con el césped bien cortado, setos bien ordenados y árboles dispersos no logra transmitir. La experiencia inmersiva en un bosque urbano va más allá del disfrute visual.

Campo Grande en Valladolid

Campo Grande en Valladolid — Emilio J. Rodríguez Posada / Wikimedia

Los bosques urbanos facilitan un contacto más profundo y directo con la naturaleza, algo especialmente valioso en el contexto urbano donde el espacio verde es limitado. Esta conexión con la naturaleza no solo mejora el bienestar mental y reduce el estrés, además fomenta una apreciación cultural por el medio natural que puede traducirse en comportamientos más sostenibles y un mayor interés por la conservación de espacios verdes.

Además, los bosques urbanos actúan como espacios comunitarios que promueven la cohesión social al reunir a personas de diferentes edades, culturas y orígenes. Son escenario de actividades culturales, educativas y de ocio, desde festivales hasta programas de educación ambiental, ofreciendo a los ciudadanos oportunidades únicas de aprendizaje y recreación en un entorno prácticamente natural, pero cerca de su casa.

Parque del Alamillo, Sevilla

Parque del Alamillo, Sevilla — CarlosV / Wikimedia

La biodiversidad que albergan estos bosques enriquece la experiencia urbana, aparte de hábitat para la fauna local, ofrece también una oportunidad a los residentes urbanos de experimentar y aprender sobre diversidad de especies, de donde surjan iniciativas encaminadas a la participación en iniciativas de conservación.

Y por supuesto, son áreas que fomentan la inspiración y la creatividad. Muchos artistas han encontrado en estos entornos buenas ideas para sus obras.

Estatua a Miguel Delibes junto al Campo Grande

Estatua a Miguel Delibes junto al Campo Grande, en su Valladolid natal. El escritor usaba el bosque urbano como fuente de inspiración. — Á. Bayón

Una buena muestra de estos beneficios sociales y culturales se refleja en el texto que adorna el paseo central del Campo Grande en Valladolid, junto a la Puerta del Príncipe:

«Tú que pasas y levantas contra mí tu brazo, que inconsciente me zarandeas, antes de hacerme daño, mírame bien.
Yo soy el armazón de tu cuna, la madera de tu casa, la viga que sostiene tu lecho.
Yo soy el mango de tu herramienta, el bastón de tu vejez, el calor de tu hogar en las noches de invierno, el perfume del aire que respiras.
Yo soy la sombra que te cobija contra los ardores del sol, el refugio de los pájaros que alegran tus horas con sus cantos. 
Yo soy la hermosura del paisaje, el encanto de la huerta, la señal en la montaña, el ladero del camino, y hasta el fin, yo soy el ataúd que te acompaña al seno de la tierra.
Por todo eso, tú que me miras, tú que me plantaste, tú que me diste el ser y que puedes llamarme hijo, óyeme bien, mírame bien, y no me hagas daño».