EL SISTEMA SOLAR TUVO 15 PLANETAS EN EL PASADO, ¿QUÉ HA OCURRIDO CON ELLOS?

0
33

MUY interesante

Madrid.- El sistema solar consiste en todo lo que orbita directamente alrededor de su estrella central, del Sol. Porque aunque el astro rey acumule la grandísima mayoría de la masa del sistema solar, sin ese pequeño porcentaje que suponen los planetas, sus lunas, asteroides, cometas y demás objetos esta región del espacio perdería gran parte de su interés. Si dividiéramos toda la masa del sistema solar en quinientas cajas iguales, conteniendo cada una de ellas la misma cantidad de masa, cuatrocientas noventa y nueve de esas cajas estarían llenas de “sol” y la que falta contendría todo lo demás. Dentro de dicha caja, los objetos más masivos (aunque no necesariamente la mayoría de la masa) serían los planetas. Júpiter, que acumula más masa que el resto de planetas juntos, dominaría. El resto de planetas serían también pedazos destacables de esa caja imaginaria.

Planetas menores sistema solar

La Tierra, la Luna y algunos cuerpos del cinturón de asteroides que fueron considerados planetas. Tamaño no a escala. Foto: NASA

Estos ocho mundos pertenecen a una categoría distinta a los millones y billones de objetos restantes que orbitan alrededor del Sol. La última redefinición de qué significa ser un planeta ocurrió en 2006 y fue el motivo de que Plutón dejara de ser considerado un planeta. A día de hoy, un objeto del sistema solar debe cumplir tres requisitos fundamentales para recibir el título de planeta. En primer lugar debe orbitar directamente al Sol, por lo que cualquier satélite, por muy grande que sea, no podrá considerarse planeta.

En segundo lugar, debe tener suficiente masa como para que el material que lo compone haya alcanzado un equilibrio hidrostático. Esto significa, sencillamente, que el cuerpo debe ser aproximadamente esférico. La masa necesaria para que un objeto adquiera esta forma dependerá de su composición, e incluso de su temperatura. El último criterio es el más subjetivo y el que ha causado mayor controversia. Consiste en que un planeta será un cuerpo que haya limpiado su órbita de cualquier otro material. Dicho de otra forma, un planeta deberá ser la contribución principal e indiscutible a la masa de todos los objetos con los que comparte órbita.

Comparativa de los planetas rocosos del sistema solar

Comparativa de los planetas rocosos del sistema solar. Foto: Wikipedia

Fue precisamente este último punto el que sacó a Plutón de la lista de planetas. Si bien es cierto que Júpiter comparte su órbita con millones de objetos, los conocidos como troyanos, estos no suponen ni una milésima de porcentaje de la masa total contenida en la órbita de Júpiter. Plutón, sin embargo, supone tan solo alrededor del 7 % de la masa de todos los objetos con los que comparte órbita. Los troyanos de Júpiter están ahí, precisamente, como respuesta a la presencia de Júpiter. Los objetos de la órbita de Plutón están ahí porque ningún objeto más grande se lo ha impedido.

Esta redefinición del concepto de planeta hizo que en 2006 pasáramos de 9 a 8 planetas en nuestro sistema solar. Pero esta no era la primera vez que cambiaba el número de planetas conocidos orbitando alrededor del Sol. Porque de la misma forma que hace casi dos décadas cambiamos de criterio para definir qué era un planeta, también habíamos cambiado de criterio en el pasado.

Si nos remontamos a los orígenes del término planeta, este significa “estrella errante”. Este es el nombre que los griegos antiguos dieron a los objetos del firmamento que brillaban como estrellas, pero se movían por el cielo de forma diferente. Ellos se dieron cuenta de que a diferencia de las estrellas, que recorrían la bóveda celeste al unísono, había 5 cuerpos que se movían a ritmo diferente. Ellos conocían 5 planetas, los visibles a simple vista, que serían Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.

Con la llegada del heliocentrismo se comprendió que la Tierra debía ser un planeta más, con la peculiaridad de que no podíamos observarlo porque vivíamos sobre su superficie. A principios del siglo XVII, Galileo Galilei descubrió las cuatro lunas más grandes de Júpiter y unas décadas después se descubrieron varias lunas de Saturno. Al principio se las consideró también como “planetas” aunque pronto se cambió de parecer. Hubo que esperar más tiempo hasta que se descubriera un verdadero nuevo planeta. En 1781, William Herschel descubrió Urano. Puesto que no se había descubierto un planeta desde la prehistoria, en un principio no supo cómo clasificarlo. Pensó que debía tratarse de un cometa, un tipo de objeto bien conocido y estudiado en la época. Analizando la forma de la órbita pronto se dio cuenta de que sus características se aproximaban más a las de Júpiter o Saturno que a las del cometa Halley. Urano se convirtió así en el séptimo planeta. Pero apenas 20 años después, con telescopios cada vez más potentes, empezaron a descubrirse nuevos objetos.

mh5db6cb465bafe8e83cfef23e

En 1801 se descubrió Ceres en la región situada entre Marte y Júpiter. En los siguientes 6 años se descubrieron Pallas, Juno y Vesta, orbitando a una distancia similar del Sol. En la década de 1840 se descubrieron Astraea, Hebe e Iris, también en esta región del sistema solar. Puesto que sus órbitas eran muy poco elípticas y tenían características de planetas, a pesar de ser más pequeños, fueron considerados como tal. También en la década de 1840 se descubrió Neptuno, un objeto muy similar a Urano pero que orbitaba todavía más lejos que él. Por tanto, en el momento de su descubrimiento Neptuno fue considerado como el decimoquinto planeta. Pronto cambiaría esta situación, pues el rápido descubrimiento de objetos entre Marte y Júpiter hizo sospechar que debían tratarse de otro tipo de objetos. En un catálogo publicado en 1867 se clasificaba a estos objetos, y a los casi 100 objetos similares que se habían descubierto recientemente, como “planetas menores” o “asteroides”. Ceres acabaría siendo reclasificado como planeta enano junto a Plutón, pero sus compañeros han permanecido en la categoría de asteroides.

Toda esta variabilidad en la cantidad de planetas del sistema solar evidencia una cosa: la ciencia está en constante revisión. Si una nueva observación cuestiona lo que sabíamos del universo, es interesante revisar lo que dábamos por asentado, en caso de que sea conveniente reinterpretar los datos. Es precisamente esta constante revisión la que hace a la ciencia tan buena herramienta para recabar conocimiento sobre el mundo que nos rodea, ya sea en nuestro día a día, en la naturaleza, o en el vasto espacio cósmico.