EL AUMENTO CRECIENTE DE LA REPRESIÓN SERÁ LA RESPUESTA DE REBELDÍA DE LOS CUBANOS

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Por Joel Fonte

La Habana.- Todos los dictadores se muestran benévolos, amantes de los pueblos que explotan y acariciadores de la Paz hasta que la necesidad no los obliga a sacar los soldados y los tanques a la calle y matar a uno, a cientos o hasta a miles de personas para evitar ser derrocados.
Aquellos que sueñan con que la dictadura cubana -un régimen político devenido en organización criminal- que tantas muertes y sufrimientos incesantes ha provocado a nuestro pueblo, va a abandonar el Poder mansamente, que se lo va a entregar noblemente a la nación que ha esclavizado por tantas décadas, deberían despertar para no soñar más.
Los militares dando golpes salvajes en medio de la calle a protestantes pacíficos el 5 de agosto del 1994 en la Habana Vieja, en Centro Habana, o los días 11 y 12 de julio del 2021 en todas las provincias del país, y los también golpeados el 17 de marzo último en Santiago de Cuba, Bayamo y otras ciudades, son solo pálidos adelantos de lo que se avecina.
La familia Castro, y con ella todos los otros apellidos de jerarcas civiles y militares que los rodean y que por tantos años nos han esquilado como a un rebaño, defenderán sus privilegios con las uñas, a sangre y fuego.
Todos ellos saben que, con el fin de la dictadura castrista, no solo perderán la enorme riqueza material robada, sino su libertad, porque en Cuba no habrá reconciliación, paz nacional, construcción de una sociedad sana, movida por elevados valores humanos, si antes no hay justicia, si no son juzgados y condenados -ante tribunales legalmente constituidos, imparciales, justos, y con apego a normas de derecho- los responsables de todos los crímenes de que hemos sido víctimas.
Y no se trata solo de altos funcionarios o encumbrados generales y cabecillas militares en servicio activo o en retiro, que son miles, sino también de los criminales locales, aquellos que en un pequeño territorio hay provocado llanto infinito y sufrimiento a muchas familias, erigiéndose en verdugos.
Conscientes la mayoría de que esa justicia los alcanzará -y la historia universal, que describe la caída de todas las tiranías lo confirma- no cederán voluntariamente ese Poder; Raúl Castro el primero.
Entonces, entre los que optamos por una u otra forma de lucha -violenta, política o pacífica- hay claras discrepancias, pero todos debemos entender la realidad anterior para comprender la importancia de estar convencidos de las ideas en las que creemos y de las consecuencias de lo que hacemos.
La represión más o menos enmascarada, la cárcel, o hasta morir a golpes en medio de la calle o en una celda policial -realidad que tantos cubanos ingenuos, crédulos, creen posible solo en un filme de ficción extranjero, o propio del batistato, como ellos hacen creer con su persistente manipulación de la realidad- le ha tocado a muchos patriotas en esta isla que han mantenido la frente en alto frente al castrismo, y nos tocará a los que persistamos en arrancarle al Poder nuestra inevitable libertad.
No hay libertad sin sacrificios. Si logramos esa comprensión, y que cada vez más cubanos estén dispuestos al esfuerzo común, y a asumir sus consecuencias, nuestros hijos, nuestros nietos, podrán vivir en un país que sea de todos los cubanos, y no una cárcel grande administrada por criminales.
Cuba está a las puertas de un cambio, pero depende de nosotros.