EL CAMINO COMIENZA Y ACABA EN MOSCÚ

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Por Jorge Menéndez ()
Cabrils.- A pesar de la labia institucional de que Cuba no está sola, si echamos un vistazo a la cantidad de giras del gobierno cubano para «fortalecer lazos» con distintos amigos, entiéndase como un «tírame un cable que me ahogo», Rusia, China, Turquía, Argelia, Emiratos, Irán, Angola y otro montón de aliados tradicionales, como Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Brasil, nos damos cuenta de que todos tienen buenas intenciones, pero no se concreta absolutamente nada.
¿Cuál es el problema?
En primer lugar, Cuba es un pésimo pagador. Después vienen causas macroeconómicas y jurídicas, que no contribuyen en nada para temas de inversión, por temor a perderla.
Muchísimos son los proyectos de modernización de los ferrocarriles (China), centrales azucareros( Rusia), elaboración de piensos (México), Agricultura (Argentina) , asistencia energética (Turquía, Rusia y China).
Tenemos la «joya de la corona» en el Mariel, donde se cacarea la captación de inversiones de miles de millones de dólares. Hasta hoy el Mariel ha sido un rotundo fracaso del cual el pueblo cubano no ha tenido beneficios.
La situación económica en Cuba ha degenerado en un «está todo por hacerse nuevo», pero nadie hace nada.
Ante este panorama, cada vez más las giras internacionales del señor Ricardo Cabrisas se reducen a Rusia, donde ha estado esta semana para pedir de forma urgente petróleo y derivados, cereales y fertilizantes nitrogenados.
Esto ya había sucedido en ocasiones anteriores, pero los rusos, sin decir ‘no’, tampoco concretan nada. Quizás solo el turismo despega y porque ellos también tienen réditos económicos paralelos sin riesgos. Tan es así que el día 7 de marzo salió para Cuba el primer barco con petróleo en más de un año.
Mucho se habla de la implantación de bancos rusos en Cuba, cosa que no sucede y tal vez no sucederá, más allá de las tarjetas Mir, que todavía está por ver qué aportan.
Con solo ver nuestra situación económica, está clarísimo que nuestros «hermanos» latinoamericanos ya han escarmentado del pasado y los europeos quieren ver la pasta y garantías de cobro. De esta manera, nos queda el «salvavidas ruso», que ya no cree en la solidaridad internacional, por lo cual los caminos de Cabrisas comienzan y acaban en Moscú.