EL GOBIERNO CUBANO MERECE QUE LO CAMBIEN… A LAS BUENAS O A LAS MALAS

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Por Enrique Guzmán Karell ()
La Habana.- El gobierno y el Estado cubanos merecen ser cambiados a las buenas, las regulares e incluso a esta altura a las malas, porque no ofrecen salida y porque lo que verdaderamente cuenta es el deseo y la voluntad de una mayoria de cubanos, no de individuos aislados, de un metarrelato cualquiera y mucho menos del que acá dice lo que piensa. Lo que quieran los cubanos está bien aunque sea un disparate pues de ese disparate también son responsables ese gobierno y ese Estado.
Cada día que pasa ese gobierno y ese Estado se cargan las ganas y la vida de millones; cada día que pasa son más inaceptables los sacrificos que impone un sistema que no va a ninguna parte, excepto al abismo en el que están, a las sin-salidas y volteretas en círculos ya conocidos, ya experimentadas, tantas veces anunciadas en medidas, planes, decretos, disposiciones, congresos y asambleas; cada día que pasa pesan más la falta de derechos, de alimentación, de salud, de energía, de seguridad ciudadana, y de un ámbito social justo para que la sociedad funcione, sea respetada y empodere a los seres humanos de carne y hueso y no a un discurso probadamente mediocre y empobrecedor que enfrenta a los nacionales de todos los signos sin un propósito superador y progresivo.
El gobierno y Estado cubanos imponen su poder sobre el tiempo, sobre la vida y los deseos de una ya amplia mayoría de nacionales. Un sistema que lo único que entrega es más miseria, más drama, más estafa, sumado a escasos y aleatorios derechos que terminan en la vida pordiosera de un pueblo sacrificado, paciente y herido en su dignidad.
El gobierno y el Estado cubanos han sobrevivido gracias a las promesas y las verificaciones represivas de un régimen que solo existe para sí, en medio de una interminable postergación de soluciones que se llena de muelas degradantes, y de demagogos y payasos que tratan de sostener a un poder autoconferido que ni a ellos les sirve pues eso no es vida, a menos que pasemos por alto su costo degradante, deshumanizante.
Ningún gobierno de ningún tipo ni de ninguna parte, ningún sistema social, merece tanta prueba encorsetada ni tanto error, mucho menos merece colas eternas, apagones inmisericordes, dietas de insatisfacción y hambre, medicinas inexistentes, ingresos generados en otros lugares y dirigentes que solo piden sacrificios, culpan siempre a todo lo demás y dan órdenes.
El gobierno y el Estado cubanos merecen su final, su verdadero y verificable final, no porque sean de izquierda, derecha o ambidiestros, pues tal cosa solo complica un análisis que puede y debe ser más simple y hace que aparezcan opostunistas y vividores en toda la línea de este dilema; merecen su final porque simple y sencillamente se lo han ganado, por acción y omisión; porque en la realidad concreta no sirven, no nos sirven, no confieren derechos ni prosperidad, y no existe mandato político jurídico o emancipatorio que justifiquen tanta tropelía ideologizante y su costo en años, días y segundos de vida de madres abuelos e hijos, de millones de varias generaciones, incluidos los sicofantes al frente de esa farsa defradante.
A esta altura no es solo que gobierno y Estado cubanos merezcan el fin sino que se lo han ganado, con diploma de honor.
Cambien de una puta vez esa mierda de sistema, a las buenas, o ya regulares y hasta malas, pues todo dice que la realidad que hoy viven los cubanos de la isla solo irá a peor, que ya no les quedan suficientes reservas materiales ni simbólicas, que el mal vivir no se detendrá, que puede que corramos el peligro de naturalizar protestas ciudadanas con pronósticos reservados como único camino posible para evacuar tanta insatisfacción, y porque ya somos muchos los que llevamos décadas con la misma cantaleta.
Esta descarga se pudiera extender mucho más, pero ni eso merecen. Agota tan absurda reiteración. Agota, y bastante.
Imagen: Frank Hart