NO ME LO ROBÉ PARA MÍ

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Por Joel Fonte ()
La Habana.- Carlitos es cubano, vive aquí y tiene ocho años. Es hijo de Luisa y Andrés, y tiene una hermanita de cinco años.
Sus padres trabajan de sol a sol, pero apenas tienen para comer, a pesar de que Luisa es ingeniera, y él -auxiliar en un taller- busca cualquier otro trabajo para que la familia sobreviva…
Pero lo que con tanto esfuerzo consiguen, muchas veces no pueden ni cocinarlo, porque no hay electricidad.
Carlitos llegó esta mañana a la escuela, y cuando algunos de los niños sacaron sus meriendas unas horas después, uno de ellos se quejó de que le habían robado el pan con mantequilla de la mochila.
Carmen, la maestra, les exigió a todos los niños que pusieran sus mochilas sobre la mesa y las fue revisando una a una.
Encontró el pan robado en la mochila de Carlitos.
Luego de llevarlo a la oficina de la directora de la escuela, y de interrogarlo sin sacarle una palabra, hicieron venir a la madre.
Luisa, muy avergonzada, le preguntó a su hijo porqué había robado, porqué había tomado lo que no era suyo, si no le habían enseñado eso en la casa.
Su hijo, lloroso, habló por primera vez:
«Mami, no lo cogí para mí, sino para dárselo a mi hermanita, porque anoche nos acostamos sin comer y ella me dijo esta mañana que tenía mucha hambre».
Raúl Castro: no juegues criminalmente con la vida de los cubanos. El hambre puede movilizar a la masa con más fuerza que su dignidad dormida.
Basta de tolerar injusticias. No más temor. No más dictadura en Cuba.