GRANMA, EL COLMO DEL CINISMO Y LA MANIPULACIÓN

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Por Jorge Sotero
La Habana.- El diario Granma da risa casi siempre. A veces, sin embargo, da asco. Y no solo cuando te lo encuentras en los basureros lleno de excremento porque muchos cubanos lo compran para eso, porque no hay forma de llegarle al papel sanitario, pero generalmente la sensación con él es diferente, algo así como hilaridad reprimida. Vaya, es una sensación rara.
Aún dormía hoy. Anoche no tuve que hacer guardia en la paladar donde me contrataron y donde me pagan un salario que me permite comprarle lo elemental a mis hijos, al menos para que no mueran de hambre. Pero me tocaba descansar y lo primero que hice cuando abrí los ojos fue ir a ver la versión de Granma sobre las protestas.
No es que sea masoquista, pero necesito saber qué dicen, cómo intentan continuar con su larga campaña manipuladora, cómo subestiman al lector común, porque piensan que nunca sabrá la verdad, o tal vez porque aún hay tontos por ahí que creen que todo lo que dice el libelo del partido comunista es tal cual. Insisto, hay quienes creen que toda la palabra escrita está bien dicha, aunque contenga faltas de ortografía. Así nos educaron.
No tuve que buscar mucho. Porque ahí, en plena portada, firmado por Raúl Antonio Capote, está el primer artículo, con una foto en la que sobresalen banderas rojas y fotos de Fidel Castro y el Che Guevara, con la intención de vender una imagen de optimismo desmesurado, usando desde el subtítulo las palabras de siempre: «Buscaban utilizar la calumnia y la mentira como misiles para ablandar las defensas y tomar por asalto ese bastión inexpugnable que es el alma de nuestra nación».
Y luego, desde el primer párrafo, quieren hacerle creer al lector, al imbécil lector que el mundo está mal, en una crisis generalizada: «Mientras el mundo se enfrenta a una era de turbulencias y guerras provocadas por la crisis sistémica del capitalismo neoliberal, Cuba, además, libra una lucha sin par contra quienes se han proclamado, de palabra y acción, como sus más enconados enemigos».
El mundo es un desastre, por las causas que sean. Cuba no. Cuba es un paraíso, dan a entender, con un gobierno tan preocupado como nadie es capaz de imaginar.: «Esta vez el golpe principal sería en Santiago, el lugar sagrado, la ciudad que guarda en su seno tanto honor y tanta gloria, la insurrecta, la rebelde, la patriota»
Hasta me podría erizar con eso que dicen de Santiago, y si no con la frase del Hombre dela Limonada, el presidente que más memes genera en este mundo, el más tonto, el más estúpido, aunque no por eso menos hijo de puta: «La comparsa de los infames quiso salir ayer a bailar con el dolor de los cubanos… Se quedaron con las ganas», dice el entrecomillado del periódico, pero parece que no, porque por ahí hay vídeos de los santiagueros dedicándole un estribillo no muy agradable a su alteza el sin casa.
Y luego aparece una frase genial, sacada solo de un cerebro enfermo, de una mente febril: «Cibersicarios y otros especímenes que actúan en el ámbito digital, a partir de la información que les brindaron los servicios especiales, trabajaron incansablemente durante semanas, sobre debilidades y deficiencias, sobre automatismos, miedos y estereotipos identificados».
Cuando llegué a ese párrafo, apenas el segundo de un artículo larguísimo, tenía deseos de tirar el teléfono y dejar de leer, pero a veces es una obligación seguir, y lo que venía después no era menor: «Desde las cómodas poltronas de sus casas, o escondidos detrás de las cámaras web de sus computadoras, bien lejos de las calles que querían ‘calentar’, pretendieron sembrar el caos en nuestras ciudades y pueblos, valiéndose del descontento por los apagones y las carencias que provoca el bloqueo».
¿Quiénes son los que se pasan la vida en poltronas, en autos de lujo, en viajes interminables, en yates, cayos, en piscinas climatizadas, los que tienen garantizado todo, incluso protección legal, por si acaso? ¿Cómo se les ocurre a estos tipos pensar o decir tales cosas? ¿Cómo se atreven a decir que los santiagueros, los bayameses o los cardenenses salieron a calentar algo, cuando en Cuba todo estaba caliente desde hace tiempo, por culpa del Gobierno?
¿Es serio eso de que «buscaban utilizar la calumnia y la mentira como misiles para ablandar las defensas y tomar por asalto ese bastión inexpugnable que es el alma de nuestra nación»? ¿De verdad se lo creen? ¿Hablan de alma de la revolución en referencia a un engendro que nació sin alma?
A este señor, al tal Raúl Antonio Capote, que firmó estas líneas, debieran darle un premio de periodismo por su capacidad para imaginar. No hay otros culpables que los dirigentes, todos, y el calamitoso e ineficiente sistema que ha llevado a Cuba al caos. No hay influencia extranjera en las manifestaciones, que no son de varios, sino de varios miles de personas, porque si la hubiera, el gobierno no las pudiera aguantar.
Las protestas, los cacerolazos que ustedes niegan, son fruto de la hambruna, la miseria, la falta de medicinas, de médicos, de electricidad, de condiciones para una vida diga. Son fruto de la mentira, de la manipulación y de la ineptitud y falta de carisma de toda la dirigencia, empezando por los ancianos nonagenarios y terminando por el tonto del presidente.
Lo otro del mismo párrafo es ficción pura: «Cualquiera que vea las imágenes de nuestros policías, sin escudos, sin cascos, sin armas para lanzar gases lacrimógenos, sin carros de agua, junto al pueblo, comprende la diferencia que existe entre los que llamaban a la violencia y ese pueblo que reclamaba la atención de las autoridades».
Sus policías tienen detrás el aparato legal más manipulado del mundo. Por eso salen en sus carros tranquilamente, porque están seguros de que quien los toque se tendrá que pasar dos décadas en prisión. Aún así andan con miedo. Hace dos días hablé con uno por la Avenida del Puerto. Me acerqué a preguntarle una dirección, haciéndome el perdido, y hablamos un rato. El hombre está erizado, no está seguro de lo que está haciendo y no tiene confianza alguna en quienes lo mandan. Y encima, no se sabía la dirección. No conoce nada del lugar y menos de La Habana. Hacía seis meses había llegado de Guisa.
Voy a otro párrafo y a la preocupación de Granma por los que pagan impuestos en Estados Unidos: «Millones de dólares del contribuyente estadounidense se gastaron para, mediante una feroz campaña de descrédito, manipular la opinión pública interna en la Isla, confundir, sembrar el miedo, la inseguridad y la desconfianza en la dirección revolucionaria».
¿Y por qué no se preocupa el rotativo por la isla abandonada, por la corrupción a gran escala, por la inflación, por la jubilación de cientos de miles de ancianos, que nos le da ni para comprar medio cartón de huevos? Dejen que hagan los estadounidenses los que quieran con su dinero, porque si de algo puede estar segura la dictadura cubana es de que desde Washington nunca quisieron derrocarla. De haberlo querido, bastaba con anclar un portaaviones 20 millas más allá del Malecón para que comenzarán las diarreas entre el generalato y la cúpula.
El final del largo artículo se lo dejo al que tenga deseos de leer. Yo no pude más. No sé por qué, pero cada vez que leo algo de Granma me entran unos retortijones de estómago tremendos y tengo que correr para el baño. Pobre periódico.