CUBA ENTRE APÓSTATAS

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Por René Fidel González ()
Santiago de Cuba.- Cuba debe cuidarse del pensamiento que proclama servirle y es el gesto servil y falso del que obedece y da coartada, abre paso y cobija, el mal que se le causa.
Cuba debe cuidarse del pensamiento que dice servirle y se sirve soberbio, sobre el ejercicio del capricho, la voluntad egoísta y el orgullo infinito.
Cuba debe cuidarse de sus demócratas nacidos sin bondad en el sueño despótico de la autoridad, venales y anchos del apetito de su vanidad: cuando ellos hablan de diálogo quieren ponerse de acuerdo en sus intereses. Son feroces: la diminuta nación feroz.
Cuba debe cuidarse de la Cuba gris y mezquina dispuesta al desahucio de todo lo que considera imperfecto, feo y con dignidad suficiente como para resistir plegarse a su codicia y mediocridad.
Cuba debe cuidarse de los que olvidan a los pobres, a los ancianos y el legado de justicia de sus muertos y le llaman a eso indecente que hacen: modernidad, éxito, belleza, memoria, resistencia, gobernar.
Cuba debe cuidarse de su tristeza, de su profunda desesperanza y frustración, de su hambre de justicia, de su obesa y majestuosa impotencia, de su frivolidad y dolor, porque esos serán los caballos con los que la violencia cargará ciega contra ella.
Cuba debe cuidarse del odio voluptuoso y despiadado que le alimentan los indiferentes, de la pasión acomplejada y mendaz de los que invocan el trueque de la esperanza de los derechos y libertades de mañana por el pan de hoy, de los que callan su silencio, de los que callan su grito y en cambio nos pretenden hablar por su voz.
Cuba debe cuidarse de la filosofía del pan y el circo, porque en su decadencia la poblará de payasos desangelados y peligrosos que no dudarán en derramar la sangre después de habernos castigado con la vileza.
Cuba debe cuidarse de lo que le expulsa y dispersa a sus hijos por el mundo porque confundida con ellos está regresando la camada que desea y reclama su lugar en el festín, su parte del botín, los ángeles de la expoliación silenciosa que le miran con los ojos del lucro y lo inescrupuloso.
Cuba debe cuidarse de los hombres y mujeres que la sueñan, porque a través de su sinceridad, sensibilidad y devoción, la traición se abrió paso, cada vez más cerca, cada vez más impune, una y otra vez.
Cuba debe cuidarse de todos porque anda en lo oscuro, rodeada de sus enemigos, dividida contra ella misma por los traidores que la acompañan, merman y temen.
Cuba debe saber que por sus yerros, y por el último yerro que la otra Cuba ansía y espera cometa, será plagiada e impostada para que nunca más nosotros reconozcamos a la verdadera Cuba.