LA INERCIA DE LOS MILITARES Y LA DICTADURA

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Por Luis Rodríguez Pérez
Quivicán.- Como una piedra que se desprende tras una fuerte sacudida, cae a tropezones por la ladera y, llegado al valle, a los pocos metros muere su andar, así están los militares cubanos, los impulsa la inercia.
El Pueblo, aún les teme; es lógico, aún pueden matar. Aún conservan la impresión eficaz de las armas, los pulcros pasillos y uniformes, el espejismo feroz de lo legal. Pero, andan por inercia, están desmoralizados, el desencanto y la corrupción es de escándalo.
La inercia los mueve, es cierto; pero aún pueden matar.
Aún quedan unos pocos militares soberbios, los locos, los idos de realidad. Aún quedan los jefes ladrones, los siempre molestos y orgullosos. Pero, la mayoría, militan por inercia, y se prestan, por inercia, al oscuro arte de matar.
Detente, soldado. ¿No ves sus taburetes forrados de pieles, sus vallas de gallos; no ves el confort desmedido de sus hijos (¡de todos!), y los millones queriendo escapar? ¿No ves al apóstol, con su único traje de tela negra y polvo? ¿No ves a tu pueblo partido en miseria? ¿Acaso, tú, no sabes llorar?
Y no, no creo que anden por inercia, porque ni siquiera andan ustedes. Lo que anda por Cuba es lo que hay de animal en ustedes, lo que hay de animal en lo humano; es, el desafuero. Lo que golpea al Pueblo y lo mata y encarcela no es militar, y menos, Humano; porque tampoco lo es, el vacío detrás de las drogas, las riñas callejeras, la evaporación del futuro. ¡Es, la miseria humana quien vive; no, el cubano!
Por favor, militar, retrocede. ¿No te percatas, que andas tras los pasos de Pinochet? ¿No te percatas, no lo ves? ¡Huye, por Dios, de la justicia futura!
Te pondré un sólo ejemplo: Cuando en un país existen dos bandos: los militares y el Pueblo, eso se llama, DICTADURA.