EL FALLO DE ANGÉLICA

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Por Luis Rodríguez Pérez
Quivicán.- Acabo de devolver a Angélica a sus cadenas. Entró tranquila, custodiada siempre.
Yo, creo en la buena voluntad de mis hermanos, cuando se alegran y me felicitan por cada pase de Angélica. Sé, que son sinceros; aunque las intenciones no basten para salvar al trigo cuando lo sorprende una escarcha.
No los lastimo, hermanos míos, nada les reclamo; mi dolor no es cosa del otro mundo, si acaso es, un pequeño bordado de frío en el luto eterno de una madre.
Pero, estamos en cosas más elevadas que los asuntos personales. Hablo, de la Libertad de mi Patria, Ah, pero sale ella, y yo me digo: «faltan aún, cuatro días». Amanece, y: «faltan tres». Y lo peor es, el último día ¡Que alguien me enseñe, el secreto de las despedidas!
Para colmos, Angélica, falló; y falló, porque estaba dormida. La sentí, como que roncaba, entonces, la escuché: «papi, no me quiero ir». Lo dijo así, dormida. ¡Y se alegrarán los esbirros, de esa debilidad dormida! Pero ustedes, hermanos del alma, ustedes saben, ustedes entienden, que ¡LA DIGNIDAD DE CUBA, ES HUMANA!
¡LIBERTAD, PARA MIS DIGNOS HERMANOS PRESOS!