DAVID SIN, EL DURO EN EL RECUERDO

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Por Alden González Díaz ()
Santiago.- A veces pasa que mientras más cosas uno tiene que decir sobre alguien, más difícil se hace escribirlo. De todo lo que se pudiera expresar sobre David Sin, sobre el Duro, lo que más me interesa que se sepa es lo mucho que le debo.
Un sinfín de cosas que pienso sobre la música cubana se deben a la sabiduría de mucha gente llana, entre las que David tiene un rol preponderante. Porque «Davisin» a pesar de haber hecho muchas cosas en la música: representante, productor diverso, utilero, compositor y hasta cantante, se consideraba por encima de todo un sastre, un tipo normal.
Aún así, mucha gente con vasto conocimiento teórico, pero sin pozo, sedimento, en su memoria emotiva, empezó a tener nociones diferentes sobre toda la música cubana gracias al Duro.
Bastaba una vez, una conversación, para que todo fuera distinto, porque además la forma que él tenía de entender muchos fenómenos inherentes a la música era expresada con el sumun del carisma y la elocuencia. La música santiaguera (y por ende la cubana) le debe más a gente como él que a toda esta recua que anda constantemente adjudicándose méritos que no les toca.
David fue un amigo incondicional en pleno tiempo de deslealtades, y deja una huella difícil de borrar en cualquiera que haya estado expuesto a su extrema positividad. Por eso considero un privilegio el tiempo que me regaló, el haber hecho equipo con él en diferentes momentos de mi trabajo con el Septeto Santiaguero, en todo lo referente a la producción de ‘A romper el coco’ y en los trabajos que hicimos para KC Porter con Azabache de Cuba.
Su huella profesional estuvo también en Son 14, La Idea, Suena Cubano, la Banda Tropical y los Tambores de Bonne, entre otros.
Queda entre los que le conocimos el consuelo de que siempre sonreiremos al recordarlo.