RAZONES PARA EL ODIO

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Ernesto Ramón Domenech
Toronto.- En medio del debate o la discusión política, cuando no alcanzan los argumentos y las evidencias o el testimonio de las víctimas indican el camino de la Verdad, desde el otro lado de la tribuna comienza el vendaval de ofensas: Fascistas, Odiadores, Gorilas, Fachas, Haters. Son los gritos desesperados del impotente, es la inequívoca señal del fracaso. La Izquierda sigue haciendo malabares para justificar los 150 millones de crímenes y los casi 40 países arruinados en algo más cien años de experiencias Socialistas. Esa Izquierda que se auto titula progresista y tolerante no se anda con formalidades a la hora del scrash y el grito soberbio.
No importa la nacionalidad del Zurdo, el comportamiento es siempre el mismo. Da igual un liberal sueco o canadiense, un comunista francés o italiano, un socialista español o un peronista argentino; si sus puntos de vistas se tornan insostenibles, si las cifras demuestran lo contrario de sus afirmaciones, echan mano al manual woke del improperio: racista, homófobo, ignorante, reaccionario, misógino. Los Rojos se ponen “azules” cada vez que le señalan la afinidad ideológica y el común origen del Comunismo, el Fascismo y el Nazismo, las tres variantes Socialistas que han provocado la peor tragedia en 3000 años de civilización.
Pero en algo llevan razón, no puedo ser hipócrita: siento un profundo desprecio, un odio intenso, por todo aquello que ha salido de las mentes y las manos de Marx, de Lenin, de Stalin, de Hitler, de Mussolini, de Trostki, de Mao, de Kim Il Sung, de Ceausescu, de Pol Pot, de Fidel Castro, de Ernesto Guevara, de Raúl Castro, de Lula Da Silva, de Daniel Ortega, de Hugo Chávez o de Gustavo Petro. Quizás sea algo genético, algún tipo de intolerancia al picadillo de soya y la ropa verde olivo. Tengo la sospecha, sin embargo, que mucho influyó ese adoctrinamiento escolar que desde los 5 años nos hizo gritar a todos: “Pioneros por el Comunismo, seremos como el Che”.
Puede ser una imagen de tren y vía de trenEn eso del Odio y sus consecuencias, nosotros los cubanos, no nos podemos quejar, tuvimos a los mejores maestros. Fue ese argentino el que una vez declaró sin complejos: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar…”. De aquellas semillas malogradas salieron éstos frutos.
¿Qué era lo que sentían aquellas multitudes vociferantes que alguna vez gritaron “Paredón” y hoy todavía se suman a los Actos de Repudio? ¿Qué idea inspiró la orden para derribar las avionetas de “Hermanos al Rescate”, para hundir el remolcador “13 de marzo” con sus mujeres y niños a bordo, para asesinar a Laura Pollán y Oswaldo Payá Sardiñas? ¿Qué extraña pasión movió a los que planificaron las UMAP y las Escuelas en el Campo para el trabajo esclavo de niños y jóvenes? ¿Qué oscura intención llevó a un Estado a preparar y financiar a Guerrilleros y Terroristas de 4 continentes y enviar a miles de soldados inexpertos a morir en tierras africanas?
No me vengan a hablar del altruismo, del desinterés y de la compasión de la Revolución cubana. No vengan con el discurso pacifista y las palomas posadas en el hombro del Tirano. No intenten la excusa del “no sabíamos”, del “estamos sometidos a un Bloqueo”, del “por amor se está hasta matando”. El Castrismo llegó al poder con esa carga de Odio que sólo la violencia puede asumir. La venganza y el revanchismo, no la justicia, se instalaron en el corazón de la República desde el 1 de Enero de 1959. Los ideales de Dignidad y respeto a la condición humana de Céspedes, Maceo y Martí fueron desechados por la consigna de “Patria o Muerte”
Puede ser una imagen de 6 personas y multitudSi, yo soy un simple mortal, con mil defectos, no voy a disimular lo que siento y pienso sobre un Régimen que sólo ha traído a Cuba una inconfundible estela de destrucción, mentiras y muerte. Un Régimen que sacó lo peor de un pueblo y terminó normalizando la mentira, el robo, la chivatería, la estupidez y el oportunismo. Sí, yo siento por todos esos que han destruido la Nación “el odio invencible a quien la oprime, el rencor eterno a quien la ataca”. Es el odio martiano que compartieron Reinaldo Arenas, Celia Cruz y Bebo Valdés; el mismo odio de Juan Abreu y mi amigo Fernando Fernández Flores.
¿Qué debo sentir por un Estado Totalitario que ha asesinado a más de 10 000 inocentes, que ha provocado el éxodo de 3 millones de compatriotas, que ha dividido a la Familia y los Amigos por razones políticas, que quita la leche a los niños y abandona a los ancianos, y que hoy tiene en sus cárceles a más de mil cubanas y cubanos cuyo único delito fue salir a las calles a pedir Libertad?
¿Cómo tengo que reaccionar viendo el deprimente estado de mi pueblo, Cruces, que ya no tiene Centrales azucareros, ni parque infantil, ni Cine, ni Fundición, ni Estación de Ferrocarriles, ni fábrica de Gofio, ni Hoteles, ni Carnavales, ni la Procuba, ni el Bar Mancebo?
¿Qué sensación experimenta un hombre que es testigo de un pueblo condenado a muerte, sin esperanzas y que ahora mismo se debate entre el hambre, la escasez, la censura, las colas, la desatención médica, los apagones y la represión mientras la Dirigencia del PCC disfruta de las comodidades y los lujos que ofrece el Poder Absoluto? Espero que Dios perdone mis faltas. Sí, conozco el Odio que me ha nacido de la impotencia y la angustia, no me es ajeno el dolor y el sufrimiento del otro.