EL PAN EN CUBA; LAS LIBRAS DEL ABUELO

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Por Patricia María Guerrero

La Habana.- Después de su abrazo y su respectiva bulla habitual cada vez que llego del trabajo, mi abuelo me contó un sueño que había tenido:

-Si tú ves mija, tú acababas de llegar de La Habana, así como hoy, con dos libras de panes grandes, grandes en la mochila…

Yo que acababa de llegar de La Habana con una bolsita de panes bien pequeños en la mochila, ya le había preparado uno con mayonesa, y el cuento del sueño lo interrumpí mostrándoselo.

Los ojos de mi abuelo se encendieron con un brillo que me derrumbó y su frase de: «No, no te lo puedo creer», prefiero escribirla a ver si me la saco un poco de adentro porque no soporto tenerle lástima a las personas que más quiero.

Mi abuelo ha perdido casi 20 libras. Y aún así, ya ni eso es lo más frustrante. Ha perdido la felicidad, la poca esperanza que conservaba y ahora lo inunda una desesperación tan agobiante que se resume en sus deseos de comer pan, de tomar café, de comer arroz con frijoles, de ver el televisor a cualquier hora, de comerse un dulce, de tener los medicamentos que necesita… de vivir.

¡Qué tristeza sentir que mi familia se apaga! ¡Qué triste este presente! ¡Qué triste lo que se dibuja como futuro (¿futuro?)!

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