26 AÑOS SIN BARBARROJA

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Por Carlos Cabrera Pérez (especial para El Vigía de Cuba)

Madrid.- Los numerosos deudos de Manuel Piñeiro Losada, el comandante Barbarroja,
acudirán este lunes al habanero cementerio de Colón para rendir tributo a uno de los
fidelistas que más secretos se llevó a la tumba y cuya muerte fue de las más
convenientes para Fidel y Raúl Castro; el primero se valía del “gallego” para asuntos
delicados, el segundo lo odiaba africanamente.

Piñeiro murió el 11 de marzo de 1998, como resultado de las heridas sufridas en un
accidente automovilístico, provocado por un infarto, según la versión oficial.

Ningún jefe de aparato de Inteligencia del mundo es un angelito y su cargo impone
constantemente el dirty job a favor de la causa y, en el caso de Cuba, la estrategia
fidelista consistió en anteponer la internacionalización de la subversión frente a la
internacionalización del embargo estadounidense y -en esta estrategia- se incluye el
involucramiento en labores de cooperación con el narcotráfico, cuyos pioneros fueron
las huestes de Barbarroja y el MINFAR, vía Marina de Guerra Revolucionaria.

Obviamente, cuando el jefe máximo convierte a una parte de los policías en ladrones,
so pretexto de luchar contra el enemigo, muestra que confía en esos hombres, pero
también los desmoraliza y arriesga demasiado, en un combate desigual.

Más de un cuarto de siglo después de la muerte de Pilero, sigue sin reconocerse el
papel de uno de sus oficiales en el descubrimiento del lugar exacto de la invasión de
Bahía de Cochinos (1961), los detalles de la inmolación de Ernesto Guevara y 23
cubanos en Bolivia (1967), de los contactos de tres funcionarios del extinto
Departamento América del gobernante partido comunista con el cartel de Medellín y la
triangulación de la operación con las guerrillas del M-19 y el ELN (1981-82) y otras
muchas acciones que permanecen en bóvedas secretas y las mentes envejecidas de
los hombres y mujeres que las protagonizaron.

Piñeiro asumió Inteligencia subversiva, promovida por La Habana, incluso después de
la agria bronca con los soviéticos, entre 1965 y 1967, que se saldó con la muerte de
Ernesto Guevara y 23 cubanos en Bolivia, y la creación de dos nuevos frentes
revolucionarios; el Departamento Liberación Nacional y el Grupo de Operaciones
Especiales (GOE) subordinados directamente al comandante en jefe.

El Kremlin se opuso a que la Inteligencia cubana se involucrara en la desestabilización
de América Latina y África y -cuando Fidel se negó a acatar las instrucciones- Moscú
ralentizó los envíos de petróleo y harina, doblegando al máximo líder, que creó ambos
mecanismos para burlar a los soviéticos, generando un problema a Estados Unidos y
los servicios de otros países capitalistas porque no sabían a que sección castrista se
enfrentaban en diferentes terrenos.

El enroque consolidó la relación Fidel-Piñeiro, cimentada durante el descubrimiento,
investigación y neutralización de la Microfracción (grupo prosoviético dentro de la
revolución, en 1960, pero de la que nunca se habla porque uno de sus más
entusiastas partidarios fue Raúl Castro, a quien su hermano salvó de la quema, con
ayuda de Barbarroja, pero desde entonces, ambas figuras se odiaron africanamente.

Raúl creyó que siendo Piñeiro un combatiente de su Segundo Frente Oriental, sería
fiel a él y no a su hermano, pero se equivocó.

Han tenido que pasar más de 15 años de la muerte de Piñeiro y ya con Raúl en un pie
en el estribo, para que sus subordinados intenten rescatar su figura con un libro y un
documental, que da cuenta del cariño y admiración de los suyos, pero sigue la senda
hagiográfica y maniquea impuesta por el castrismo en el relato histórico del siglo XX
cubano. En los años posteriores a su muerte, se hablaba de Barbarroja en círculos de
confianza, mezclando la añoranza con la épica contable, pero sin que llegara a oídos
de Raúl que -una vez suicidado políticamente Carlos Aldana por una tarjeta de crédito
con la que nunca se lucró- colocó a José Ramón Balaguer al frente de la endiablada
trinidad comunista de Relaciones Internacionales, Ideología y Cultura.

Quizá nunca sepamos mucho de los secretos de Piñeiro, salvo pequeñas confidencias
de compañeros y amigos que disfrutaron de sus noches no ocupadas por Fidel, de su
sentido del humor, de su perenne indagación y de frases muy suyas, cuando ante el
arresto de Ochoa y los jimaguas La Guardia musitó: se jodió el equilibrio… Frase que,
dicha por un connotado equilibrista suena a hecatombe, incluida la suya propia.