EL ESTALLIDO DE LOS ESCÁNDALOS DEPENDERÁ DEL CHIVO EXPIATORIO DE TURNO

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Por Mauricio de Miranda Parrondo
Cali.- Las redes sociales se han calentado con la «nota del primer secretario del Comité Central del PCC y presidente de la República» en la que da cuenta de «los graves errores» cometidos por el ex-viceprimer ministro y ex-ministro de Economía y Planificación de Cuba, Alejandro Gil.
La nota habla de «corrupción, simulación e insensibilidad». Después alerta que «como es de esperar, el enemigo desatará una campaña propagandística contra Cuba» y da por sentado que «nuestro pueblo, como nos tiene acostumbrado, se mantendrá firme al lado de su Partido y Gobierno ….»
¿De verdad? ¿Eso es lo que dicen las encuestas sobre el estado de opinión o es que ya no se realizan? ¿Los más de 500 mil cubanos que han abandonado el país mal vendiendo casas y muebles no cuentan? ¿Y los que callan por temor también están al lado del Partido y del Gobierno o despotrican de él en voz baja en las cocinas como ocurría en la antigua URSS? Bueno, asumamos que sí. Lo que me llama la atención es que enseguida hablen de lo que dirá «el enemigo» y no se preocupen de lo que pensará el pueblo.
Nada de esto debe sorprendernos. En casi todos los sistemas políticos del mundo hay corrupción. Lo que sucede es que este flagelo tiene un caldo de cultivo propicio en aquellos en los que no existen mecanismos de control jurídico y de auditoría independiente, como es el caso cubano. La propia «nota oficial» lo hace evidente. Allí se dice que «a propuesta de la Fiscalía General de la República, el Buró Político del Comité Central del Partido y el Consejo de Estado, aprobaron que los órganos competentes del ministerio del Interior iniciaran las actuaciones correspondientes para el esclarecimiento total de estas conductas». Esto significa que la Fiscalía carece de facultades para hacerlo y requiere que lo aprueben el Buró Político y el Consejo de Estado.
En los países con sistemas democráticos, caracterizados por la independencia de poderes, la Fiscalía no necesita del permiso del gobierno y mucho menos de la dirigencia de un Partido para proceder con una investigación judicial.
A la dirigencia cubana no debería preocuparle la campaña que pueda hacer «el enemigo», sino la cara dura de dirigentes que tienen la desvergüenza de decir sin que les tiemble un párpado que ellos son «cubanos de a pie» como dijo Alejandro Gil en una Mesa Redonda, cuando es evidente que ningún dirigente lo es, ni lo puede ser, aunque debieran a ver si por pasar las penalidades que pasa la inmensa mayoría de cubanos comienzan a actuar en favor del bienestar de la población y no en función de conservar su poder y los privilegios que de él emanan.
Este es un caso más, que se une a otros tantos de épocas anteriores. La nota oficial no da detalles. No sabemos los cargos concretos de los que se le acusa. Sin embargo, ojalá esta no sea una nueva «cortina de humo».
La corrupción no nos debe asombrar. La vemos todos los días en los favores que tienen ciertos hijos, nietos y sobrinos convertidos de la noche a la mañana en exitosos empresarios y verdaderos magnates en medio de la pobreza de la mayor parte del país. Y cuando digo pobreza me refiero a que incluso los que no la padecen se salvan gracias a su FE, es decir, a sus Familiares en el Exterior, pero no pueden asegurar su subsistencia con sus ingresos obtenidos de salarios y pensiones.
¿Cómo ha sido el proceso de acumulación originaria del capital de esos hijos, nietos y sobrinos que se han convertido en potentados en un abrir y cerrar de ojos? ¿De donde sacaron el dinero para crear unos mansiones para alquilar y otros desarrollar prósperos negocios de todo tipo para los que no existen las restricciones que sufren los «menos iguales», parafraseando a Orwell.
En un sistema en el que no hay independencia de poderes, ni mecanismos de control social sobre la gestión del gobierno; en un país donde los tribunales y la fiscalía no son independientes; en un país en el que la Contraloría General no tiene facultades para auditar a ciertas empresas porque son parte del complejo empresarial-militar, están creadas todas las condiciones para que la corrupción prolifere. El estallido de los escándalos dependerá del chivo expiatorio de turno.