¿QUIÉN FUE DE VERDAD LA PRIMERA MUJER EN EL ESPACIO?

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Por Jorge Luis García Fuentes ()
Hermosillo.- Por todas partes aparecen loas a Valentina Tereshkova, la primera mujer astronauta (o cosmonauta, según la variante rusa). Feministas y admiradores románticos del sovietismo se unen para resaltar su legado el día de su nacimiento.
Los cubanos recordarán hasta una canción muy popular de los setenta, cantada por Annia Linares: «Valentina, Valentina, primavera y corazón/Valentina, Valentina, hoy tú brillas más que el sol», con aquel espíritu de kalinka colonizada que tanto nos empapó durante la guerra fría.
El problema es que la Tereshkova no fue la primera astronauta mujer, sólo la primera que regresó con vida.
En Cuba conocíamos bien el férreo sistema de secretismo soviético alrededor de las misiones espaciales. Supimos que Arnaldo Tamayo era el primer cosmonauta cubano cuando ya su módulo de descenso había reingresado con éxito a la atmósfera terrestre. A diferencia de los americanos, que divulgaban cada despegue, así fuera exitoso o explotara delante de todos, los rusos se cuidaban muy bien de mostrar públicamente sus desastres. Todo el mundo conoce el sacrificio de Laika, pero poco se habla de los cinco perros que sobrevivieron, de un total de doce, en experimentos similares.
Por mucho tiempo se creyó que Valentín Bondarenko había muerto en un intento previo al de Yuri Gagarin, y sólo en los años ochenta se desclasificó la información. En efecto, estaba destinado a ser el primer cosmonauta, pero murió en un accidente en la cámara de presión de baja altitud en el Instituto de Estudios Biomédicos en Moscú. Igual lo mantuvieron en las sombras por décadas, para no empañar el prestigio del programa espacial que patrocinaba el Kremlin.
Liudmila Tokova, por su parte, sí parece rebasar la categoría de mito. En mayo de 1961, apenas un mes después de Gagarin, los hermanos Achille y Giovanni Judica-Cordiglia, dos radioaficionados italianos que en los primeros años de la carrera espacial fueron capaces de interceptar las comunicaciones procedentes del espacio desde su estación en Turín, grabaron a Liudmila Tokova de regreso a la tierra (después de orbitarla y ser, en la práctica, LA PRIMERA MUJER ASTRONAUTA DEL MUNDO), informando a Baikonur que algo estaba saliendo mal y que se estaba quemando.
Posteriormente el gobierno soviético declaró que, en efecto, hubo un accidente, pero que pertenecía a un vuelo no tripulado, un pretexto bastante traído por los pelos, puesto que ya para entonces el objetivo era seguir ganándole a los norteamericanos con naves tripuladas, buscando ser los primeros en tener equipos exitosos durante más tiempo en órbita, con tripulación más numerosa, llegar a la luna, o como en este caso, enriquecer su propaganda de superioridad ideológica con el bombazo periodístico de una primera mujer en el espacio exterior.