CUBA, EL PAN, EL CAMPO Y LA CIUDAD (I)

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Por Jorge Sotero
La Habana.- Los gobiernos provinciales, el de Matanzas entre ellos, decidieron que solo habrá pan en la capital de la provincia y para los niños hasta una edad determinada. En otras, como Pinar del Río, será hasta los 13 años y en otras hasta los 14. Así anda Cuba, en tiempos en los cuales ya la libreta de abastecimiento no sirve, porque no hay nada que vender.
Los ideólogos del castrismo dijeron siempre que una de las prioridades de la revolución era igualar el campo y la ciudad. Darle las mismas posibilidades a los que vivían en pueblitos apartados que a las relativamente grandes capitales provinciales, pero eso nunca se cumplió, y ahora mismo es cada vez más la diferencia entre unos lugares y otros.
Eso del pan solo a los niños de la capital provincial es una forma burda de los que gobiernan de crear divisiones entre los cubanos. Y pone de manifiesto la complicada situación en el país, donde no hay alimentos para nadie y para que al menos los niños coman pan, lo controlan de esa forma. Pero olvidan, en Matanzas, a los que viven en Girón, Itabo, Hoyo Colarado y Aguica, por ejemplo.
¿Qué diferencia hay entre un niño de Matanzas y uno de Limonar? ¿Es más importante el infante que vive en la capital matancera que el de Ceiba Mocha o Agramonte?
No. No son más importantes, solo que los dirigentes saben que es más fácil controlar una protesta en Amarilla o Calimete que en la capital provincial. Es la experiencia de ellos, lo que les dice a los que gobiernan, sus estudios de opinión, las referencias que tienen.
Lo mismo pasa con la electricidad. A los pueblos del interior, capitales de provincia incluidas, les cortan la corriente cada día, sobre todo en las noches, sin embargo, en La Habana apenas se va. Lo justifican con la presencia de organismos centrales del Estado, con líneas en mal estado, y no sé qué más, pero eso no es verdad. Apagan el interior porque es más fácil controlar a Nuevitas, Santa Clara o Palmira que a Centro Habana.
Los que dirigen en Cuba no son brutos. Son ladinos, habilidosos, y no tienen escrúpulos. A la hora de tomar una determinación, estudian las posibles consecuencias, y a partir de entonces deciden.
Eso sí, lo del pan da lástima, duele y suena como que cada vez está más cerca el momento en que es inexorable la caída del comunismo en la isla. Aunque quiero dejar claro algo: los que dirigen a cualquier nivel, sus hijos y su familia, no tienen problemas con el pan, las carnes o la leche.
Para poner un ejemplo, hay una comisión del Parlamento cubano trabajando en Sancti Spíritus. La referida ciudad no tuvo corriente en toda la noche, sin embargo, los visitantes de la Asamblea Nacional tuvieron una planta a su disposición todo en tiempo en el lugar donde se alojaron.
También tuvieron pan, yogurt y huevos en el desayuno. Y seguro que disfrutarán de almuerzo y cena copiosos en algún lugar. Mientras, no habrá alimentos para los niños. Tal vez ni haya pan, como mismo sucede en Matanzas, aunque solo para aquellos a los que gobiernan escogieron para no estar en el grupo de los elegidos. Porque en Cuba todo es a dedo, hasta el pan. Incluso, el presidente.