¿POR FIN QUÉ PASÓ CON ALEJANDRO GIL?

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Por Jorge Sotero

La Habana.- Desde que la cúpula castrista anunció, de pronto, la sustitución de Alejandro Gil, supe que detrás de todo eso había gato encerrado y que en algún momento saldrían a la luz las causas. En Cuba solo es cuestión de esperar para que esas cosas que mantiene oculta la dictadura salgan poco a poco a flote.

Ya sabemos que los que dirigen Cuba son fanáticos a hacer el ridículo, aunque siempre intenten disimularlo, algo así como demostrar, de manera ladina, que todo es fruto de un proceso natural. Y lo de Gil, intentaron e hicieron todo lo posible que lo fuera, pero al final van corriendo los rumores.

Un colaborador, muy informado sobre el tema por su cercanía a familiares de los que están en la cúpula, me aseguró que detrás de la defenestración de Gil está la mano de Alejandro Castro, el hijo de Raúl, quien llevaba mucho tiempo espiando al hasta hace poco ministro de Economía y viceprimer ministro.

Eso no es noticia. En Cuba, todos los que dirigen tienen los teléfonos pinchados, y micrófonos en autos, casa, cuartos, cama y hasta en el baño. No hay forma de que lo que hablen no lo sepan quienes los chequean durante día y noche.

De hecho, los teléfonos que usan los dirigentes, tantos civiles como militares, tienen que pasar por un proceso de supuesta limpia, que no es más que la colocación de dispositivos para facilitar la escucha de cada conversación, ya sea en directo o por las diferentes aplicaciones.

Gil lo sabía. Aunque tenga cara de bobo, de eso no tiene un pelo. Cuando estás ahí, sabes cómo funcionan las cosas, máxime si tienes muchos antecedentes a los cuales tomar en cuenta, como lo que hicieron con Carlos Lage, Felipe Pérez Roque, Roberto Robaina, Pedro Sáez y cualquiera sabe cuántos más.

Por ahora, la fuente de El Vigía solo sabe que está en plan pijama, que no tiene ni tendrá nunca más pasaporte, que no le han ofrecido ningún otro trabajo y que cuando llama a los pejes gordos, esos que antes parecían amigos, ninguno le coge el teléfono. También le advirtieron que estaba en investigación y que más le convendría estar tranquilo y no inventar nada.

Eso solo se lo dijeron a Gil. A los dos que quitaron para justificar su salida, ni los han tocado. No tienen problemas. A esos les arrancaron la cabeza por incapaces. Pero a Gil no. El ministro poco convincente que intentaba aleccionar a las personas desde su estrado como diputado o desde la Mesa Redonda, está en candela. Para conocer la verdad, solo hay que esperar unos días y todo saldrá a la luz. Nosotros estamos detrás y lo mantendremos al tanto.