LA CRIANZA DE MI SANACIÓN

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Por Rachel Pereda ()

Miami.- Muchas veces me arrepiento luego de escribir un texto muy personal. Porque es como desnudar nuestras experiencias en esta montaña rusa de la mapaternidad, nuestras crisis, nuestros errores, aciertos y desaciertos y ser demasiado sincera es exponerse demasiado.

Pero lo que escribo es un reflejo honesto de mí misma y es el único modo en el que sé escribir.

Incluso, cuando algún texto de ficción comienza a deambular en mi cabeza, en el fondo tiene algún momento, algún recuerdo, alguna situación íntima que luego se transforma en cuentos, novelas y en tantos Words que tengo escondidos en mi laptop, precisamente porque me asusta mostrarlos al mundo, y algunos hasta a mí me cuesta volver a leerlos porque muestran escenarios que viví y muchas veces quiero olvidar.

Quizás por eso me demoré tanto en compartir este artículo acerca de mi parálisis facial y de ese viaje de regreso a mi niña interior, en una búsqueda por rescatar mi amor propio tan marchito, por escuchar de una vez a mi cuerpo y sus quejas, porque siempre me he puesto en lo último de la lista de mis prioridades y por dejar de disfrazar de colores mis tristezas para que nadie las note.

No ha sido fácil el aprendizaje, la sanación, la aceptación… Detrás de un “Estoy bien” se esconde un universo de emociones que muchas veces queremos ocultar para no incomodar a otros.

Y sanar mientras criamos ha sido una prueba tremenda, pero agradezco cada paso que me ha llevado a evolucionar, a escucharme por primera vez y a cuidarme como cuido también de los demás. Porque por las grietas y las partes rotas, en ese proceso de remodelación, siempre sale el Sol… Y llega de nuevo la luz…