EL ESTAMBRE Y LA MORALEJA DE TEJER

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Por Adalixis Almaguer ()

Miami.- Quiero mantener en mi cabeza la imagen del cubano luchador y honrado que brega sin miedo y tira pa’lante a los suyos. Yo no quiero ver más videos de cubanos que se regresan porque no quieren trabajar. Quiero que la exposición permanente que tiene el museo Cade en Gainesville sobre nuestra creatividad e invención valga la pena.

¿Recuerdan las trapishoppings? En una de ellas compré por casi nada un sweater de estambre que estaba roto. Con cuidado lo destejí y fui enrollando el hilo. Iván me hizo dos agujetas de rayos de bicicleta comiéndole las rosquitas de la punta con la piedra donde se afilaban los cuchillos. Hasta tenían tapitas protectoras para no pincharme en la otra punta de las mismas tuerquitas con las que se fijan a la llanta. Nada que envidiarles a unas Susan Bates.

Con esas agujetas, mientras esperaba por mis turnos de grabación en Radio Holguín La Nueva, tejí un abriguito blanco. Las cargaba en mi mochila con las pelotitas de hilo y así entretenía las horas muertas. Ese abriguito blanco fue el que usó años después mi hija de bebé y luego pasó a la familia. No sé quién lo llevará ahora que no hay pequeñines pero espero que haya parado en manos que lo necesiten y siga arropando.

La moraleja de esta historia no es la cretividad a la que la miseria nos obliga, sino cuánto más podemos hacer los cubanos teniendo posibilidades si con lo que hemos vivido estamos curados de espanto.

La foto es de Walmart que por ahí andaba buscándole comida a Mia pero valga de referencia aunque mi paraíso terrenal sea Hobby Lobby. Que fácil es hacer abriguitos sin tener que comprar ropa usada tejida para deshacer y reutilizar el hilo. Hasta se pueden escoger colores, gruesos, texturas. ¿Cuándo desaprendimos los cubanos que ahora es difícil? ¿Cuánto?