RAÚL CASTRO NUNCA CREYÓ EN LA SUCESIÓN DE PODERES EN CUBA

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Por Joel Fonte ()

La Habana.- La reciente visita a la Habana del jefe del secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Nikolai Patrushev, mano derecha del dictador ruso Vladimir Putin, y su abierta reunión con Raúl Castro  -quien legalmente no pasa de ser un simple diputado al llamado parlamento cubano, sin otra autoridad-,  bien divulgada por la propaganda de la dictadura cubana, recuerda una vez más, a quienes no fingen ceguera desvergonzada, la verdad de lo que aquí ocurre:  que la obsesión enferma del más pequeño de los Castro por el Poder lo lleva a desnudar insistentemente sus mentiras sobre la supuesta sucesión del Poder en el país, cuando en el 2018 impuso a su capricho un supuesto sucesor.

El Poder tiene una capacidad ilimitada para corromper a los hombres; de eso no hay duda.

La realidad de una Cuba pisoteada por más de 65 años por el totalitarismo de un apellido es prueba inequívoca de ello.

Ni siquiera el haber cumplido ya casi 93 años, el ser un anciano enfermo, le impide al dictador abandonar su autoritaria actitud de mostrarse como dueño del país, de pisotear la Constitución que en el 2019 él mismo moldeó caprichosamente, de acuerdo a sus intereses y oportunismo político.

Pero hay una razón adicional para que el dictador Raúl Castro se muestre cada vez más en público, anulando así cada vez la ridícula legitimidad que nadie le atribuye al Díaz-Canel y a su grupo de funcionarios amaestrados para administrarle ese Poder a Castro, y en lo que han fracasado; esa razón explicita es el hecho innegable de que entiende que su régimen está perdiendo el control del país.

Por eso la reunión abarcó a la plana mayor del ministerio del Interior de Cuba.

Uno de los pilares tradicionales del castrismo fue siempre el adoctrinamiento, la ideologización de las masas, la manipulación de la realidad en la mente del pueblo, consagrando en particular a Fidel y Raúl Castro como semidioses, como grandes líderes que guiaban a los cubanos, como el Moisés bíblico, hacia la Libertad.

Entonces, cuando Raúl Castro aparta a su mayordomo Canel a un lado, e impone su cara públicamente, a lo que apela es a eso, a convocar a resistir a esos, tal vez aún cientos de miles de cubanos, maniatados por la mentira -o movidos conscientemente a apoyarla- y que como obsesos le obedecen todavía.

Pero la mayoría aplastante del pueblo cubano, con mayor o menor lucidez, sabe ya que el anciano dictador teme ser derrocado, que cese su dinastía, sus privilegios en un país que la dictadura establecida por su hermano y que el heredó, ha hundido en el más grande drama humano de su historia, y que tengan él y los suyos que rendir cuentas ante la justicia por sus prolongados crímenes.

Para eso, se toma de la mano las charlas amistosas con los criminales rusos, con los criminales chinos, y con todo el que, siendo potencia económica, política, militar, tenga migajas que arrojarle para dilatar más su caída.

A cambio de eso, la soberanía de Cuba sigue siendo una ramera que está a la venta, y al más ordinario postor.

Basta de tolerar injusticias. No más temor. No más dictadura en Cuba.