LIBERTAD DE OPINIÓN REPRIMIDA

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Por Arturo Mesa (…de la serie Los Atlantianos)

Atlanta.- Llegas a Estados Unidos y todavía lo piensas para hablar. Es decir, te lleva algún tiempo deshacerte de traumas como el de la libertad de opinión.
Íbamos como por la quinta clase de ajedrez en las escuelas y a mí ciertas cosas me parecían ilógicas para el nivel de los muchachos, pero como soy el último que contrataron no quise decir nada.
Ellos tienen un sistema de varios profesores en cada turno, casi siempre somos cinco o seis y en la mañana nos ponemos de acuerdo a través de una aplicación sobre lo que vamos a hacer. Hay un director de grupo, uno que se ocupa de la parte tecnológica, varios entrenadores y un head coach –o entrenador principal– que soy yo.
-¿Ponemos hoy estos problemas? -anuncia el director
Yo digo que sí para no ser la nota discordante, pero ni yo mismo veo la solución.
-¿Un final de peones?
¡Dime tú! Lo peor que te pueda pasar en una partida, pero igual me preparo.
-¿Vemos la Dragón hoy?
A pesar de que no hay apertura más compleja que esa, digo ok. Una vez más no quiero ser la nota discordante. Pero entonces otro coach dice…
-¡Tas loco! ¡Cómo que la dragón!
Y lo apoyo… digo: “Es mejor una línea frontal porque bla bla bla” -y el director acepta con gusto.
Sobre las dos de la tarde llegamos al aula y volvemos a la discusión de la Dragón… es verdad que la dragón… bla bla bla.
Entonces me digo, voy a hablar, y que me boten:
-A ver, yo no he querido decirlo por respeto a usted, pero hay cosas que no las veo lógicas, porque hay muchos conceptos que explicar antes y que ellos todavía no dominan.
Entonces, el director me mira por encima de los espejuelos como con odio en la venas y me parece que me está evaluando de arriba abajo. Luego dice fríamente:
-Chico, tú no sabes que tú eres el Head Coach y aquí tooooodoooo el muuuundooo, está esperando que tú nos digas qué hacer.