REZOS EN APAGÓN

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Irán Capote
Pinar del Río.- Del ensayo en apagón salí disparado para la casa. Con el hambre diciéndome: vete del teatro ya o te desaparezco. Salí echando a las dos menos veinte. Susurrando avemarías, padres nuestros y el concepto de revolución que ahora uso como un rezo.
Llegué a casa, había luz. Planté corriendo el almuerzo. La sopa de pollo sería lo más práctico. Por suerte pollo y por suerte especias. Todo para la olla, de un tirón. Todo junto , como mis tres oraciones a la vez:
«Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros… Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el sentido del momento histórico… cambiar todo lo que debe ser cambiado… Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino. Es igualdad, es independencia, es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio… Danos hoy el pan nuestro de cada día…»
Y se fue la luz sin apenas hervir nada. El hambre volvió a decirme: «Me da igual, no quiero excusas, no es lío mío. Dame algo o voy a terminar contigo en este mediodía.
Saqué el pollo de la olla, casi crudo. Piqué dos tomates y comí con el mismo sonido que hacen las mandíbulas del puerco dentro de la tolla.
Me fui al balcón y recordé las palabras de mi amiga artista esta mañana: «tengo hambre, asere. Tengo hambre fula».
Por la calle pasaba la gente como zombis. ¿Cómo lo hacen? Pregunté al hambre.
Y me dijo que eran cosas de Dios y que por la pregunta me iba a seguir jodiendo toda la tarde.
En la esquina de la casa está Eleguá con las confituras que puedo ponerle de vez en cuando.
Me tiré de rodillas, soné la maraca y cuando fui a coger un paquetico de galletas, me dijo:
«No me hagas esa mierda, asere. «