EL SUFRIMIENTO NO PARA

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Por Oscar Durán
La Habana.- Acaban de morir tres jóvenes en Santiago de Cuba en plena descarga de un buque de arroz. Según medios oficialistas, las muertes fueron por asfixia porque “se expusieron a la respiración de un gas tóxico al penetrar una bodega sellada y fumigada, no destinada a la descarga en esa ciudad”.
Como siempre, la información de la dictadura no es detallada y es muy difícil que la investigación del caso llegue a las páginas del Sierra Maestra o radio Revolución. Posiblemente, de estos muchachos no se hable más, a no ser en un medio independiente con acceso a testigos de los hechos.
Sin ganas de crear una polémica al respecto, aquí hay muchos cabos sueltos en los decesos de Raiko Calzado Kindelán, Yosbani Paaterson Duany y Roibel Bejerano Hernández. No estamos diciendo que la dictadura los mató, aclaro, pero sí tiene culpa por varios motivos que intentaremos explicar.
¿Por qué esos muchachos llegaron por su cuenta a una bodega sellada y fumigada no destinada a la descarga de arroz? ¿No había un jefe inmediato supervisando el correcto funcionamiento de la estiba? ¿De qué manera se implementan las medidas de seguridad en el puerto santiaguero? ¿Quiénes son los responsables de este trágico suceso?
Como esas, hay miles de preguntas más en el tintero. Nada funciona en Cuba, señores. Aquí se está viviendo a la desbandada. El apuro por bajar sacos de arroz porque el pueblo tiene hambre, entre otras cosas, llevó a la muerte a tres inocentes. Y digo entre cosas porque uno ve más de tres gatos encerrados en todo esto.
Para entrar a un lugar con esas condiciones, se necesitan los medios de protección indispensables. Vaya, mínimo, una mascarilla en la boca y, por sobretodas las cosas, los trabajadores deben estar informados de la fumigación del local y de la medida en que pueden estar expuestos al gas.
Quizás esos jóvenes andaban en “otra jugada” cuando entraron a la bodega. Es mucha la necesidad y la hambruna en Cuba, que te llevan a hacer cosas por la izquierda. Nadie puede juzgarlos si tal afirmación fuera cierta, aunque la dictadura puede sujetarse de esto y justificar sus culpas en el asunto.
Descansen en paz Raiko, Yosbani y Roibel. Veo las imágenes del pueblo santiaguero despidiéndolos y me viene la habitual impotencia. Dentro de unos días esta sería otra página olvidada dentro de la oscura historia de un régimen incapaz. ¿Hasta cuándo será esto, Dios mío?
Definitivamente la humillación en Cuba no tiene límites.